Chicotá en el Cielo del Zumbacón

En la tarde-noche de un Lunes Santo mágico, había un ángel con barba cana como bien decía Raúl Casares. Un ángel que vigiló los pasos de Nuestro Padre Jesús de la Coronación de Espinas como tantos año hizo. En el día de ayer, cogidos de la mano, dos personas aguantaron sus lágrimas para que no cayesen sobre su barrio y truncasen la salida que año tras año esperaban. Ayer, el primo y la prima revivieron juntos, como antaño, una estampa que muchos disfrutamos con ellos.

El lugar no podía ser otro que sus «pabellones», esos que pisaron como punto de partida en tu camino a la Hermandad y al Cielo. El empedrado, las persianas de madera y viejos vecinos, observaron la belleza de un momento a los sones de tu querida banda de la Coronación de Espinas que rasgaban sus cornetas con una afinación que lanzaban el grito desgarrado de tu ausencia. Al son de tu marcha, la que permanecerá imborrable en la memoria de los que echamos de menos tus abrazos con tus hijos a la cabeza, esos que nos dejaste como legado para nuestro disfrute, arrancaba uno de los momentos más especiales de ese Lunes.

No puedo imaginar la emoción de tu Iván, que justo en ese momento llevaba como de costumbre con infinito orgullo y emoción el apellido Vargas que a pesar de tu ausencia, seguirá debajo de la capilla dorada que porta a ese Cristo que con su mirada al cielo buscaba ayer las vuestras para haceros ver el amor que se os guarda a las personas que os hacéis querer.

La marcha arranca con una furia desmedida, como quien indica el dolor que nos supuso tu pérdida. Pero a poco cambia su intensidad haciéndonos recordar la cantidad de momentos buenos que nos dejastes. Tu cuadrilla de la Coronación con su nueva forma de andar, maneja a la perfección los tiempos completando una estampa poética que sólo se entiende en el Zumbacón, porque sólo nosotros podemos vivir esta justa sensación.

La marcha continua de manera magistral llegando incluso a pegar un «izquierdazo» en tu honor que se echan de menos en un misterio puntero en Córdoba. Lo demás sería inclasificable porque las palabras se quedarían en mera anécdota. Ese andar cortito como quien no quiere abandonar el lugar que tanto tiempo ocupaste, finalmente rompe camino de la recogida de un templo vivo de Dios y Amor que desde este año siempre te recordará.