Complicada, pero más cerca del Señor

Esta Semana Santa que ya se acerca a su final ante la inminente celebración pascual, ha sido tal y como ya sabíamos muy atípica. A pesar de tener ya el cuerpo preparado para lo que venía, la acumulación de añoranzas y sentimientos ha sido inevitable y por ende el sufrimiento de vernos en la calle pero sin nuestras hermandades y cofradías nos ha afectado bastante.

Estoy seguro de no haber sido el único descolocado en el día que salía su cofradía. Podíamos salir a la calle, estar con los amigos, la familia etc. Y esto chocaba frontalmente con el no poder cumplir con los rituales propios de cada uno de nosotros en nuestra jornada, ante nuestra estación de penitencia. ¿Y ahora qué hago? ¿A esta hora deberíamos estar ya en la calle? ¿Qué se puede hacer hoy si no estás en la procesión? ¿Dónde están los amigos que nos encontramos cada año debajo de Ella?

Son preguntas que se repitieron sin censar en mi cabeza pero la respuesta a todas se encontró como siempre en el Señor. Si algún fruto ha dado esta semana es sin duda el que muchas personas han vuelto a pisar una iglesia, a rezar incluso sin saberlo ante el Santísimo, a volver a caminar con Jesús en el Vía Crucis, a asistir a una misa incluso de rebote.

Ha pesado mucho este año, la semilibertad nos dejaba las cosas a medias pero nos ha regalado una cercanía mucho más pura que el simple folclore que puede provocar una procesión monótona. La profundidad de los actos de nuestras cofradías en torno al Señor ha sido sin duda el auténtico regalo que nos hemos llevado cada uno de nosotros incluso involuntariamente pues hemos experimentado la cercanía de Dios mismo en nuestras vidas, de una manera diferente a la esperada.