Cónclave 2025: los cardenales favoritos al papado, entre la continuidad y el giro conservador

El mundo observa con atención la Capilla Sixtina mientras el Colegio Cardenalicio delibera sobre el próximo Pontífice. Entre los nombres que suenan con más fuerza figuran representantes tanto del ala progresista como del sector más tradicional de la Iglesia.

El reciente fallecimiento del Papa Francisco ha abierto una nueva etapa en la historia de la Iglesia Católica. El cónclave convocado para elegir a su sucesor se desarrolla en medio de una intensa expectación mundial, no solo por el perfil del futuro Papa, sino por el rumbo que podría adoptar la Iglesia en las próximas décadas. Con 133 cardenales electores reunidos bajo los frescos de Miguel Ángel, los pronósticos se multiplican y los medios italianos, especialmente La Repubblica, han identificado a varios favoritos que despuntan en la silenciosa carrera hacia el trono de San Pedro.

Pietro Parolin: el peso de la diplomacia vaticana

A sus 70 años, el cardenal italiano Pietro Parolin, actual Secretario de Estado del Vaticano, es uno de los nombres más sólidos en las quinielas. Con una larga trayectoria en la Curia y una reconocida habilidad diplomática, ha sido pieza clave en acuerdos internacionales como el controvertido pacto con China sobre el nombramiento de obispos. Parolin representa una opción continuista en lo institucional y conservadora en lo doctrinal, con gran capacidad para aglutinar apoyos de distintas sensibilidades dentro del cónclave.

Luis Antonio Tagle: la esperanza de Asia

El filipino Luis Antonio Tagle, de 67 años, Prefecto del Dicasterio para la Evangelización, es el favorito de los sectores progresistas. Considerado por muchos como el «Francisco asiático», su estilo cercano, su defensa de los marginados y su sensibilidad pastoral le otorgan gran popularidad entre los fieles y un número considerable de cardenales. Su elección supondría un hito histórico al ser el primer Papa del sudeste asiático, reflejando el crecimiento del catolicismo en esa región.

Matteo Zuppi: el candidato del diálogo

Otro nombre con fuerte presencia en las deliberaciones es el del arzobispo de Bolonia y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, Matteo Maria Zuppi. Con 69 años y una estrecha relación con la Comunidad de Sant’Egidio, Zuppi ha destacado por su papel como enviado papal en misiones de paz, como la guerra en Ucrania. Su perfil reformista, su implicación social y su talante dialogante lo sitúan como una figura capaz de mantener el impulso pastoral del pontificado de Francisco.

Pierbattista Pizzaballa: la sorpresa desde Tierra Santa

Con solo 59 años, el Patriarca Latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, es el más joven entre los candidatos destacados. Aunque con menor visibilidad internacional, su experiencia en contextos de conflicto y su vocación ecuménica lo convierten en una figura emergente. Su elección supondría una apuesta por una Iglesia con fuerte presencia en Oriente Medio, marcada por el diálogo interreligioso y la diplomacia espiritual.

Péter Erdő: la alternativa conservadora

Desde Europa Central, el húngaro Péter Erdő, de 72 años, representa la opción conservadora más clara. Arzobispo de Budapest, es un teólogo reputado y defensor de la doctrina tradicional. Su perfil académico y su liderazgo en una Iglesia local que mantiene posturas firmes lo convierten en un posible punto de inflexión para quienes desean un cambio respecto al rumbo aperturista impulsado por Francisco.

Posibles sorpresas: nombres que podrían emerger en el cónclave

Aunque la atención mediática se centra en los nombres más visibles, la prensa especializada italiana, incluidos La Repubblica y Famiglia Cristiana, advierte que el próximo Papa podría surgir desde fuera de las quinielas más repetidas, como ha ocurrido en anteriores cónclaves. Diversos analistas señalan la posibilidad de un perfil inesperado, capaz de generar consenso entre sectores divididos del Colegio Cardenalicio.

Entre los llamados papabili de segunda línea, destacan figuras como:

Jean-Claude Hollerich (Luxemburgo, 66 años), jesuita y arzobispo de Luxemburgo, actual relator del Sínodo sobre la sinodalidad. Su papel en la escucha de las periferias eclesiales y su apertura en temas sociales lo convierten en una figura de equilibrio entre tradición y reforma.

Wilton Gregory (Estados Unidos, 77 años), arzobispo de Washington, el primer cardenal afroamericano. Su elección supondría una señal potente hacia la inclusión racial y la apertura cultural en el seno de la Iglesia global, aunque su edad podría jugar en contra.

Fridolin Ambongo (República Democrática del Congo, 64 años), arzobispo de Kinshasa. Con fuerte compromiso con la justicia social y el medio ambiente, representa el auge del catolicismo africano, cada vez más decisivo en el equilibrio global de la Iglesia.

Celestino Aós (Chile, 78 años), arzobispo de Santiago, ha ganado respeto por su labor de reconstrucción moral tras los escándalos de abusos en la Iglesia chilena. Aunque su edad lo aleja de una elección probable, algunos sectores lo ven como un papa de transición que pueda servir de puente entre generaciones.

Claudio Gugerotti (Italia, 68 años), actual prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales, ha sonado en círculos diplomáticos por su conocimiento profundo del cristianismo oriental y su cercanía con realidades eclesiales complejas, como las de Ucrania, Armenia y Siria.

Estas candidaturas menos mediáticas podrían imponerse si el cónclave se prolonga y se produce un bloqueo entre los grandes favoritos. En tal escenario, no se descarta la búsqueda de un perfil que, sin ser polarizante, resulte aceptable para una amplia mayoría del colegio cardenalicio.

La historia reciente recuerda que Jorge Mario Bergoglio, convertido en Francisco en 2013, no encabezaba las listas previas al cónclave. Por ello, muchos observadores insisten en que, en Roma, nada está decidido hasta que se vea la fumata blanca.

Las opciones españolas: presencia destacada pero pocas posibilidades reales

España, tradicionalmente uno de los países con mayor peso en la historia del catolicismo, cuenta actualmente con varios cardenales electores en el cónclave, aunque ninguno figura entre los grandes favoritos. No obstante, algunos nombres han sido mencionados por la prensa especializada como opciones de consenso o sorpresivas, especialmente si se busca una figura de experiencia, solidez doctrinal y perfil moderado.

Entre los más destacados figuran:

Juan José Omella (Barcelona, 78 años), arzobispo de Barcelona y expresidente de la Conferencia Episcopal Española. Es uno de los purpurados más cercanos al Papa Francisco, con una trayectoria pastoral centrada en la sencillez, la cercanía al pueblo y el impulso de reformas estructurales. Aunque su edad lo aleja de una candidatura firme, su voz podría ser clave en las deliberaciones internas como figura de mediación.

Carlos Osoro (Madrid, 79 años), arzobispo emérito de Madrid, también alineado con las líneas pastorales de Francisco, con énfasis en la misericordia y la acogida. Su avanzada edad lo descarta como papable, pero su experiencia le otorga influencia en las dinámicas del cónclave.

Fernando Vérgez Alzaga (Salamanca, 79 años), presidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano. Su trayectoria en la Curia y su papel técnico-administrativo lo alejan del perfil de pontífice, pero su conocimiento de los entresijos vaticanos puede hacerlo valioso en la toma de decisiones.

Cristóbal López Romero (Rabat, 72 años), arzobispo de Rabat y cardenal desde 2019, se presenta como una figura especialmente interesante. Misionero salesiano, con fuerte compromiso interreligioso y una vida centrada en el diálogo islamo-cristiano, representa una de las opciones españolas más innovadoras. Su nombre ha sido citado en medios como Vatican Insider como una posible sorpresa si el cónclave busca un perfil universal, con experiencia en contextos fronterizos y visión misionera.

En general, aunque las opciones españolas no parten como favoritas, la delegación ibérica goza de una notable representación y respeto dentro del Colegio Cardenalicio. Su papel, más que en la elección directa de uno de los suyos, podría ser determinante en la formación de consensos y en la defensa del legado pastoral del pontificado de Francisco.

Un cónclave de equilibrios y desafíos

La elección del nuevo Pontífice no será solo un gesto simbólico, sino una señal clara del camino que la Iglesia quiere tomar ante los desafíos del siglo XXI: la secularización, los escándalos de abusos, la integración de las periferias, el papel de la mujer, el diálogo con otras religiones y el futuro del celibato. En este contexto, los cardenales deben decidir entre dar continuidad a las reformas de Francisco o abrir una nueva etapa más tradicionalista.

Mientras tanto, el mundo observa la chimenea de la Capilla Sixtina, en espera de la ansiada fumata blanca que revele el nombre del nuevo sucesor de Pedro. Un nombre que, sin duda, marcará una nueva página en la historia de la Iglesia Católica.