El pintor Juan Manuel Núñez Báñez culmina la ornamentación de los espacios del Patronazgo y Real, incorporando elementos simbólicos y naturales del entorno de Doñana
En un paso más hacia la plenitud estética del Santuario de Nuestra Señora del Rocío, han concluido recientemente los trabajos de ornamentación pictórica de las capillas laterales del presbiterio, concretamente las dedicadas al Patronazgo y a la Realeza de la Virgen. Estas labores, ejecutadas por el artista Juan Manuel Núñez Báñez, suponen la culminación de un proyecto que permanecía parcialmente inacabado desde 2005, año en que se iniciaron los primeros esbozos decorativos en el lateral dedicado a la Realeza.
La capilla Real, que había quedado pendiente de ejecución completa, ha sido enriquecida ahora con nuevas lunetas laterales, situadas junto al acceso a la sacristía. En ellas se han representado escudos heráldicos contemporáneos vinculados a la Iglesia y a la Corona española, sostenidos por grupos de ángeles entre cortinajes barrocos, en una composición que mezcla la simbología institucional con la devoción mariana.
Una de las singularidades más notables de esta intervención es la introducción explícita del paisaje de Doñana en la narrativa ornamental del santuario. En ambas lunetas, se han integrado escenas evocadoras de la flora y fauna propias del entorno natural que rodea a la aldea almonteña, incorporando así al lenguaje artístico un marco ecológico que enmarca y define la espiritualidad rociera.
Completa la escena un remate superior en forma de guirnalda floral, sostenida por ángeles, que corona las composiciones semicirculares con un aire festivo y celestial. A su vez, los frisos de ambas capillas acogen sendas estrofas de las célebres seguidillas compuestas por el canónigo Juan Francisco Muñoz y Pabón en 1919 con motivo de la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío, recuperando así uno de los himnos más sentidos del acervo lírico rociero.
El conjunto pictórico se ha completado con la decoración de las bóvedas de arista en cuatro paños, cerrando así una intervención que aúna tradición devocional, memoria histórica y sensibilidad artística contemporánea.
Los trabajos han sido dirigidos bajo el asesoramiento del Dr. Manuel Jesús Carrasco Terriza, sacerdote y delegado diocesano de Patrimonio en la Diócesis de Huelva, quien ha velado por la fidelidad simbólica y teológica del programa decorativo. El proyecto ha podido llevarse a término gracias a la generosidad de un benefactor anónimo, cuyo mecenazgo ha hecho posible esta importante intervención en uno de los santuarios más venerados de Andalucía.





















