A golpe de horquilla, 💙 Opinión

¿Conocemos nuestra música?

Cotilleando algunos recortes del Diario de Cádiz, he encontrado una pequeña noticia en el apartado cofrade del martes santo de 2017, titulado “Un cuarteto mágico para el Martes Santo gaditano” donde cita cuatro marchas señeras de esta jornada y de nuestra semana mayor.

Piedad de Eduardo López, Lágrimas de José Cubiles, Ecce Homo de Antonio Escobar y la más joven, Sanidad de José Manuel Pulido. Cuatro marchas con un corte “similar” que nos traslada directamente a esas calles de recogidas a oscuras en plenos siglos XIX y XX o XI en el caso de Sanidad. Marchas que, sin duda, sirven de himno en estas cofradías y me atrevería a decir que la composición Ecce Homo, nos sirve como himno de la semana santa gaditana.

Y es que, estas son solo cuatro ejemplos de lo que alberga el callejero de marchas gaditano. Contamos con auténticas joyas repartidas desde el siglo XX hasta la actualidad, con marchas tan bellas y frescas como Virgen del Rosario Coronada, de Pablo Ojeda.

Es necesaria hacer una reseña histórica sobre la relación existente entre la música y las cofradías pues, aunque ahora lo entendemos como indispensable el ver detrás de nuestros pasos una banda de música bien sea de un estilo u otro, hace no muchos siglos era algo, no solamente anormal, sino que estaba prohibido.

La música en nuestras cofradías debemos concebirla como el lenguaje no verbal que acompaña a la pasión, muerte y resurrección del Señor, por lo tanto, no deberíamos tomarla en exceso como protagonista de tal evento religioso, aunque, con los tiempos que corren, es algo complicado no caer en ese error.

Cádiz durante el siglo XVIII y XIX era una de las ciudades referentes de toda España por su situación geográfica estratégica, pues era puerto, o muelle como nos gusta decirle, de paso de muchos navíos que cruzaban del mediterráneo al otro lado del atlántico, lo cual provocaba que a la ciudad llegasen múltiples culturas de todas partes del mundo.

Esto afecta obviamente a la cultura de la ciudad y con ello a nuestra música. La capital gaditana se vería en pleno auge comercial, concentrándose en ella muchas celebridades del mundo de la literatura, música o política, la burguesía española derrochaba en la ciudad. En los cafés y teatros de la ciudad se daba cita la cultura en todas sus fórmulas, en definitiva, igual que ahora, que lo solucionamos todo con carnaval.

De este auge, surge una de las composiciones más sonadas de la música clásica, mundialmente conocida en la actualidad. En la capilla de la Santa Cueva, donde residen los frescos de Goya, el compositor austriaco Haydn se inspiraría para la composición de la obra Siete Palabras, indudablemente hoy relacionado con el misterio de la Santa Cueva. Muchos no saben ni que Haydn piso Cádiz, ni mucho menos que le gustaban los chicharrones del Manteca.

Sin embargo, como decíamos antes, la música instrumental en cuaresma era prohibitiva ya que se consideraba inapropiada para las fechas (muy aconsejable leer el libro La Música en Cádiz de Marcelino Diez Martínez) La música en nuestras procesiones se trataba como un desagravio en esta época destinada a la mortificación y penitencia entorno al Señor en los momentos pasionales.

Es en el primer tercio del siglo XX cuando comienza a sonar música tras nuestros pasos, como marchas fúnebres que, lógicamente intencionado, llaman al rezo y exaltación de la muerte del Señor con marchas como Marcha Fúnebre de Chopin o El Ocaso de los Dioses de Wagner.

La música se acaba asentando en el panorama cofrade hasta nuestros días, donde nos resulta hasta indispensable oír una marcha tras un palio. Pero ¿qué marchas? Volvemos al inicio de este artículo. No valoramos lo suficiente las marchas que residen en Cádiz, de hecho, no conocemos muchas de ellas siendo auténticas joyas, musical e históricamente hablando.

Puede que parte de la culpa sea abusar de esas marchas populares conocidas por todo el mundo y no arriesgar por lo propio de la casa.

Quizás, y ojalá llegue este mensaje a donde tiene que llegar, creando una banda municipal que recoja todas esas grandes composiciones cofrades y no solo cofrades, también de autores como Manuel de Falla a quien tenemos olvidado, podamos dar a conocer la cultura musical de nuestra ciudad, que va más allá de nuestro querido carnaval, que de hecho también podría ser interpretado por esta banda. Creo que pido mucho.

El ayuntamiento, que es a donde debe llegar este mensaje, debería apostar por nuestra cultura y nuestra música. En lo que respecta a cofradías, estas y el consejo deberían apostar por las bandas de nuestra ciudad ¿Por qué no un concierto anual con las cuatro formaciones de existen?

Sin enrollarme más, me gustaría citar algunas de las composiciones que creo que merecen una distinción por su gran calidad como son Soledad de Antonio Escobar, Regidor Perpetuo, Virgen de las Penas o Cádiz Cofrade de Abel Moreno, Afligidos de Juan José Puntas, Rosario del Amanecer del carnavalero Rafael Pastrana, Fe, Esperanza y Caridad de Eduardo López estrenada tras Servitas en 1882 o Virgen del Rosario de Beigbeder.

Casualmente, este pasado 7 de octubre se estrenó Junto a ti, Rosario de Javier Sicre Márquez Álvarez-Beigbeder, bisnieto del compositor jerezano anteriormente mencionado.

Son muchas las marchas que quedan en el tintero, pero pocas las que son interpretadas en semana santa, menos mal, que en Cádiz contamos con ese elemento que da música y compás al andar de nuestras imágenes y que por nada del mundo, aunque muchos hagan el intento, dejarán de sonar. Las horquillas.

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