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Córdoba, Galerias

Córdoba, rendida a las plantas de la Madre de Dios

La ciudad de Córdoba ha sido testigo este intenso histórico domingo de mayo de una explosión inusitada de devoción mariana y religiosidad popular que se ha vivido con fuerza en los cuatro puntos cardinales de su geografía. Varios han sido los centros neurálgicos en los que la especial manera de entender que el cofrade tiene de su relación con la Madre de Dios se ha materializado sin coto. 

Con especial intensidad, qué duda cabe, en la iglesia de San Jacinto donde la Virgen de los Dolores ha protagonizado un histórico besamanos con motivo de los tres siglos que lleva siendo Señora indiscutible de Córdoba. Un besamanos en el que la dolorosa servita ha lucido en sus manos un rosario de Fray Ricardo de Córdoba como sentido homenaje a quien mantiene en vilo a los cofrades de todo el universo. 

No ha sido, no obstante, el hogar de la Virgen de los Dolores el único lugar en el que esta religiosidad popular ha brillado de manera singular. En el otro templo de la plaza de Capuchinos, la iglesia conventual del Santo Ángel, la Divina Pastora ha recibido también el cariño de sus fieles a lo largo de todo el fin de semana expuesta en besamanos. No muy lejos de allí, en el barrio de San Lorenzo, María Auxiliadora recorrido muy temprano las calles del barrio en un rosario de la aurora muy especial que conmemoraba el décimo aniversario de su coronación canónica. 

En San Basilio, en el corazón del Alcázar Viejo, la Virgen del tránsito recibía el amor incondicional de sus devotos a través de la tradicional ofrenda floral que su hermandad organiza cada mes de mayo. Y en la iglesia de Santiago, la Virgen de los Desamparados protagonizaba su tradicional besamanos como punto culminante al ciclo cultual que la Hermandad de las Penas consagra en honor de su dolorosa. Ya por la tarde, Fátima se ha vuelto convertir en hervidero en torno a una de las devociones más universales que en Córdoba tiene también su hueco y procesiona cada mes de mayo a los sones de Coronación de Espinas, otro lujo al alcance de los cofrades cordobeses.

En todos estos enclaves ha estado presente en nuestro compañero Antonio Poyato para dejar testimonio de lo acontecido, a través de su peculiar manera de observar, para deleite de quién es no pudieron acudir y para atesorar el instante para la posteridad.

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