El año cofrade comienza con fuerza en el seno de la ciudad de Córdoba rindiendo culto al Niño Jesús de la Virgen del Socorro. Y es que la hermandad que le rinde culto ha dispuesto al Hijo de Dios en solemne Besapiés para que recibe el amor infinito del Pueblo del que su Madre es Alcaldesa Perpetua. En la Ermita del Socorro, a orillas de la Corredera, ha acudido nuestro compañero Antonio Poyato para dejar testimonio gráfico del acontecimiento.
Según explica Juan Aranda Doncel, la advocación mariana de Nuestra Señora del Socorro ha despertado a lo largo de cuatro siglos de historia un intenso fervor en todas las capas de la sociedad cordobesa que cristaliza en la arraigada devoción a la imagen que se venera en la popular ermita junto a la plaza de la Corredera. La depositaria de este secular fervor es la actual imagen de Nuestra Señora del Socorro, bella y artística talla del siglo XVIII. Los rasgos estéticos corresponden al estilo barroco, una de las etapas más florecientes de la escultura andaluza y española.
El origen de la devoción a Nuestra Señora del Socorro en la capital de la diócesis de Córdoba se remonta al último cuarto del siglo XVI y aparece ligado a un prodigio que se atribuye a su intersección con motivo de la fuerte tormenta y viento huracanado que padece la ciudad el 21 de septiembre de 1589. El milagroso suceso, recogido en un romance impreso en 1589, se extiende por la ciudad como un reguero de pólvora y contribuye de manera decisiva a aumentar la devoción a la imagen de Nuestra Señora que recibe culto y veneración en uno de los altares de la pequeña iglesia hospital de la Santísima Trinidad, situada en la céntrica y bulliciosa plaza de la Corredera.












