Con la venia, Opinión

Creemos en los milagros

Las cancelaciones de actos de todo tipo, en el mundo cofrade, se suceden sin parar; en una lista de malas noticias que parecen no tener fin a la vista. Peregrinaciones, romerías, procesiones extraordinarias… todo queda suspendido por una enfermedad convertida en pandemia, que asola duramente a nuestro país sin que haya una solución pronta para vencerla. Las vacunas como remedios milagrosos parecen que son puestas en su verdadera dimensión por médicos e investigadores que cuestionan su eficacia. Lo cierto es que el pico de contagios y muertes aumenta, sin que nada parezca poder frenar su poder destructor en una sociedad sin liderazgos y atenazada por el miedo a la enfermedad y la ruina.

Un tiempo en el que nos ha tocado vivir huérfano de buenas nuevas y diríamos que escaso de respuestas útiles. Faltan lo que hemos dicho, liderazgos potentes y respuestas certeras. Después de tantos meses caminamos por un sendero lleno de brumas, y en el que no barruntamos esa luz que pueda salvarnos. ¿Pero puede un cofrade, un católico, aceptar esa sentencia? No, claro que no, lo que ocurre es que, desde los medios católicos y cofrades se ha dimitido de gritar a los cuatro vientos que la Fe es nuestro bien más preciado, una Fe que lo puede todo.

Claro que ha habido ideas desde los cenáculos cofrades para hacer algo, un hacer algo que se traduce, las más de las veces, en que cuando esto termine organizar una procesión magna. Pero esto, desafortunadamente, no deja de ser un ejemplo de onanismo cofrade, disculpable en los frikis que campan entre foros y RRSS, pero imperdonable en personas con responsabilidades en corporaciones y entidades muy señaladas.

Porque, ¿qué sentido tiene una procesión magna cuando desde las cofradías, y desde los púlpitos, no se han hecho rogativas, no se han organizado misas para pedir el fin de la pandemia? ¿Dónde están nuestros sacerdotes, muy cumplidores de las leyes civiles, pero pacatos a la hora de dirigirse a nuestro Dios para rogar humildemente por un milagro? ¿temen caer en el ridículo? Unos pastores que parecen herederos de esos curas ilustrados que tanto daño hicieron, por ejemplo, a la religiosidad popular en forma de Semana Santa, pero que olvidan que son los últimos de una sucesión de sacerdotes valientes que sacaban, junto a sus feligreses, Imágenes sagradas para pedir el fin de epidemias de peste, cólera o tifus, y otras desgracias.

Y si hacemos caso a la tradición de nuestros santos, nuestro Dios, en su benevolencia, hacia caso de las súplicas de aquellos hombres. ¿Puede haber una procesión de acción de gracias cuando antes no se ha pedido nada? ¿Tanto embota a los sentidos otras circunstancias y el dichoso espectáculo, que olvidamos que nuestra “vacuna” está tan cerca? Quizás esto les suene muy medieval a hermanos mayores e incluso a directores espirituales, también a canónicos, pero es que quizás muchos han olvidado el sentido de todo esto.