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Córdoba, El Cirineo, Opinión

Críticas legítimas y personajes respondones

Dice un miembro de la junta de gobierno de la Hermandad de la Paz, cuyo nombre no pienso revelar, que han tomado nota de los errores del sábado con el ánimo de mejorar, o así entendí yo sus palabras. Ya les digo de antemano que viniendo de quien viene la frase, tengo la firme convicción de que es sincera. Pero mucho me temo que tendrá poco recorrido. Y no lo tendrá porque la mayor parte de quienes le rodean no tienen el menor interés en mejorar los defectos, empezando por el máximo responsable, que reacciona como creo que jamás debe hacerlo un dirigente: respondiendo a través de las redes sociales a una crítica subjetiva, absolutamente legítima en su primera parte – la que hace referencia a la participación del hermano mayor de la hermandad como un costalero más -, sin entrar, en modo alguno, en la veracidad de la segunda parte – la que afirmaba que el hermano mayor se enfrentaba con el público que cangrejeaba delante del paso. Ni yo lo vi, ni nadie del equipo de Gente de Paz, por lo que no puedo pronunciarme al respecto.

Pero más allá de la veracidad del asunto, considero un error sin paliativos entrar al trapo a través de las redes sociales. Un hermano mayor, un capataz, un diseñador, un músico, un bordador, un imaginero… son personajes públicos desde el preciso instante en el que asumen una responsabilidad o desarrollan un trabajo que tendrá “consecuencias públicas”, valga la expresión. Y la asunción de las críticas recibidas forma parte del cargo, las justas y las que lo son menos. Y desde luego, reitero que en mi opinión, jamás debe motivar una respuesta pública, ni de esta índole ni de ninguna otra. ¿Se imaginan al hermano mayor de la Macarena haciéndolo? Yo tampoco.

Y esto mismo se extiende a otros personajes que desempeñan cargos de responsabilidad en determinadas esferas, curia incluida. Las últimas salidas de pata de banco de cierto sacerdote que se prodiga por las redes sociales con una promiscuidad cuando menos llamativa han llamado poderosamente mi atención, por inadecuadas. Cuando un ente al que uno pertenece recibe una crítica de terceros, se asume y no se responde con argumentos extemporáneos que nada tienen que ver con la crítica en sí. Ni se intenta desprestigiar al emisor de la crítica, ni se pretende lograr un enfrentamiento público que bastaría con preguntar en su entorno para comprender que jamás se va a producir. Dos no se pelean si uno no quiere, y en lo que a mí respecta, jamás propiciaré un espectáculo público, tan del gusto de otros. Una cosa es que pueda responder, con mayor o menor ánimo de choteo, o con mayor o menor acierto, a bufones sin importancia, y otra muy distinta es protagonizar un bochornoso enfrentamiento que debería avergonzar a quien lo propugna, en mi humilde opinión. Y mucho menos pregonando falsedades y medias verdades o dando por ciertas interpretaciones cuya veracidad tiene muy difícil demostración.

Hay quien lo soluciona todo pidiendo perdón; mi madre siempre dijo “te perdono, pero prefiero que la próxima vez te lo pienses y no hagas lo que has hecho”. Pues eso: moderación, reflexión y capacidad de escucha, venga de donde venga la crítica. Es la única forma de mejorar. Lo contrario provoca seguir atascado en el barro por los siglos de los siglos. Por cierto, ya que viene al hilo, y por si no ha quedado suficientemente claro: las retransmisiones de las salidas procesionales del Canal del Cabildo Catedral son manifiestamente mejorables en lo que a las personas que las conducen, a los presentadores, se refiere. Y entiendo que hay personas suficientemente preparadas en esta ciudad como para subsanar este acuciante problema, del que cualquiera que tenga la paciencia de visionar alguna de ellas, es plenamente consciente. Por ejemplo, algunos de los componentes del pregón coral de 2019 serían perfectos para dignificarlas. Esa es mi opinión y la de muchos cofrades, ni mejor ni peor que la de otros, desde luego. Pero merece el mismo respeto que cualquier otra. Lo que no merece es una respuesta sin sentido que ponga encima de la mesa medias verdades relacionadas con no sé qué agradecimientos, menosprecio al trabajo que un grupo de locos venimos desarrollando de manera altruista desde hace años ni acusaciones imposibles de justificar. Y hasta aquí mi respuesta. No habrá más, al menos de momento. Y como aviso para navegantes: yo marco mis tiempos y cuándo respondo; no se cansen.

La cuestión, que me disperso en asuntos sin importancia, es que quienes se encuentran de cara a la galería tienen la obligación de asumir la crítica, no digo estoicamente, pero casi. Y no se puede revolver uno como una haba tostá cada vez que se recibe una. Hay que saber morderse la lengua por una sencilla razón: cuando se ocupa un cargo institucional, en un organismo eclesiástico o en una hermandad, se está representando a una institución, no sólo a sí mismo. Esto que, a mi juicio, es tan sencillo de entender parece que hay quienes son incapaces de comprenderlo. Vaya por delante que a mí, y se positivamente que esta opinión no es compartida por buena parte de mis compañeros, no me parece en absoluto un escándalo que en una procesión extraordinaria un hermano mayor participe de costalero. Es una ocasión excepcional y punto. No me rasgo las vestiduras con ello. Peor me parece que, una vez más, el cortejo de la Paz diese una imagen lamentable, desorganizado y ridículamente exiguo. Una carencia, la desorganización, perenne en la cofradía capuchina, que nadie parece querer cambiar, en la medida en que los responsables de semejante caos continúan en sus puestos llueva, truene o ventee.

Sin embargo, no pareciéndome criticable que el hermano mayor fuese costalero en la salida extraordinaria, entiendo que forma parte del cargo asumir que a muchos no les gustara, y se deben tener espaldas suficientemente anchas para afrontarlo, sin saltar ante la primera frase que no nos gusta leer. Ser hermano mayor es también esto. Probablemente por eso yo jamás podría serlo (he salido a mi madre…). Y precisamente por eso, otros tampoco deberían serlo, o si ya lo son deberían coger los bártulos y marcharse a su casa, o pasar a un segundo plano dejando la vara dorada a alguien que sí sea capaz. También existe la opción de aprender, pero a estas alturas, algunos somos demasiado mayores para cambiar. Sea como sea, la crítica siempre estará ahí… a ver si nos enteramos todos, y nos aplicamos el cuento.

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