Monseñor Saiz Meneses ha colocado la presea a la dolorosa de la calle Santiago
Por fin sucedió. Han sido años de espera pero finalmente amaneció la mañana soñada de la coronación canónica. María Santísima del Rocío, titular mariana de la Hermandad de la Redención, ya luce sobre sus sienes la espléndida corona preparada con el sudor y el cariño de sus hermanos.
La catedral ha irrumpido en aplausos con el feliz momento en el que el Arzobispo de Sevilla, Monseñor Saiz Meneses, subía hasta las plantas de la Virgen e imponía con prestancia la presea a la bendita imagen. Era el momento crucial de una misa pontifical llena de detalles significativos para la cofradía del Lunes Santo y para todos los rocieros de Sevilla y Almonte que hoy han llenado de ilusión la Seo metropolitana.
El primero de ellos el altar, evocando el misterio de Pentecostés con imágenes de los apóstoles cedidas por varias corporaciones (San Gonzalo, la Estrella, San Esteban y los Panaderos) que han querido poner su granito de arena a este día gozoso. El altar, ubicado en el trascoro del templo mayor sevillano, llamaba la atención por la cuidada escena y el efectismo creado por la belleza de la Virgen acompañada por los fieles, tal como lo relata el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hechos 2, 1-4).
Tal y como adelantaba esta casa en la noticia publicada ayer, el montaje presenta a la Virgen como figura central, Madre de la Iglesia y plenitud de santidad, rodeada de los apóstoles que, transformados por la efusión del Espíritu, inician la expansión del Evangelio. A través de esta representación, se ha resaltado el papel mediador de María, receptora y transmisora de los siete dones del Espíritu, al tiempo que se subraya su condición de redimida desde el primer instante de su existencia por los méritos de la Pasión de Cristo.
Otra de las sorpresas del acto litúrgico, que comenzaba a las once de la mañana, era el de la música. Nada más y nada menos que una composición coral excepcional, en la que participarán voces de los cinco coros de las hermandades del Rocío de Sevilla, junto a integrantes del coro de la hermandad de La Puebla del Río y del coro de la Hermandad Matriz de Almonte. Esta comunión de voces absolutamente celestial, ha estrenado la sinfonía «Regina Coeli Incoronata», obra del tamborilero Gustavo Pedrero, dirigida por Lolo Pérez Fernández y Claudio Gómez Calado.
Y junto a la música, el otro reclamo esperado era el de los estrenos patrimoniales para este día de fiesta para los rocieros de Sevilla y de todo el mundo. Concretamente eran dos las grandes novedades: La saya y la presea de la coronación. Comenzando por la pieza textil, se trata de una saya blanca diseñada por Gonzalo Navarro y bordada en oro por Joaquín Salcedo, que se enmarca dentro de una estética barroca de alta riqueza simbólica. El bordado, desarrollado sobre un campo vegetal simétrico y dinámico, presenta en su parte central un pebetero encendido, signo de los dones del Espíritu. La inscripción «Veni, Sancte Spiritus», ubicada en la cinturilla, refuerza la conexión directa con el misterio de Pentecostés, convirtiendo la prenda en una verdadera meditación textil sobre la acción del Espíritu en la vida de María.
Respecto a la corona, es una maravillosa pieza de orfebrería salida del taller de Jesús Domínguez y diseñada por el orfebre José Delgado, inspirándose en la Venida del Espíritu Santo, en consonancia con el significado teológico de la advocación. La pieza, realizada con cerca de 500 elementos trabajados a mano, fue ensamblada en un meticuloso proceso que exigió más de veinte horas de dedicación artesanal.
Pasaban las doce menos veinte de la mañana cuando Monseñor Saiz Meneses ascendía a la escalinata efímera preparada para esta ceremonia, e imponía la presea a Santa María del Rocío, con los aplausos y la música de los coros como acompañamiento inmejorable. Era palpable la emoción de los miembros de la Junta de Gobierno, de los hermanos, de los devotos que van cada día a santiguarse ante la reina de la calle Santiago. Tras ello, continuaba la Misa de coronación, una eucaristía que quedará grabada en los anales de la historia de la hermandad con letras mayúsculas.


























