Cruz de guía | Escenas y devociones en el primer día de Cuaresma

Arranca el tiempo de Cuaresma con la meteorología tan alocada como culminamos la pasada Semana de Pasión. Asomado al balcón privilegiado que nos ofrece la televisión a lo largo y ancho de Andalucía, me detengo en la belleza sublime del Señor de la Cena de Málaga. La efigie que concibiera Luis Álvarez Duarte caminaba erguida por la travesía hacia una nueva Cuaresma en los días previos a la celebración del vía crucis de la Agrupación de Hermandades de la capital costasoleña. El puente que preside la Virgen de los Dolores de hacía tribuna efímera para contemplar el caminar del Señor con paso firme y acompasado.

El Cristo de las Penas de Córdoba no gozaba de la justicia que imparte la caprichosa meteorología y las naves servían de cobijo para la imagen que tallara Martínez Cerrillo. Caminando bajo las bóvedas de San Andrés sobre unas andas color burdeos, alumbrado por cuatro guardabrisas, el Señor ha presidido su vía crucis íntimo como lo hiciera San Álvaro en otros tiempos de la memoria.

El viaje nos deja en una esquina de la sevillana Avenida María Auxiliadora, en el pórtico que accede a un templo llamado de la Trinidad para acompañar al Señor de las Cinco Llagas en su vía crucis cuaresmal. Sin embargo, la tan temida lluvia no ha dejaba renovar la comunión más íntima del Crucificado de Luis Álvarez Duarte con su barrio. Una calle Sol desierta y el recogido plano que describe la imagen del Cristo a los pies del altar mayor era el mejor reflejo de un inicio cuaresmal más que íntimo y solemne bajo los ojos de la Madre, la Esperanza de la Trinidad,

Con un cambio de rumbo y con la piel erizada a causa del pavor que inflige el líquido elemento, el Señor de la Entrada Triunfal en Jerusalén de Linares desafiaba al tiempo con el corazón en un puño. Este pequeño gran viaje nos transporta a las recónditas calles del casco antiguo linarense que con la esperanza perdida volvía a revivir una noche de Cuaresma con el mayor de los recogimientos y la premura más efectiva con la que el Señor caminaba rumbo a su barrio. Paso firme y decidido para cruzar el centro y avanzar hacia San José en un suspiro casi fugaz.

Como si de otra dimensión se tratase, Granada y el Señor del Rescate nos recibía en la calle con la majestuosidad que describe la efigie atribuida al círculo de los Mora. A la luz de cuatro faroles de exorbitante tamaño, el Cristo de la tez serena avanzaba hacia su sede canónica tras la visita y estancia en el Convento de las Siervas del Evangelio. Es una noche gélida, es la reinaugurada Cuaresma, testigo silente de los primeros actos solemnes de culto público que rememoran estampas antiguas enterradas en el reino de la memoria.

Escenas que sirven de pórtico en el camino que designa una nueva Cuaresma. Algunas inéditas, otras ya tradicionales, pero con el sentir y la devoción intactos y con el reflejo de la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús en el horizonte.

Foto | Agrupación de Cofradías de Málaga