Como buena nomenclatura que elegí para esta columna. La cruz de guía supone el inicio de los sentimientos más gozosos. Sencillez y sobriedad. Suntuosidad y magnificencia. El sentido de la Semana Santa comienza y culmina en la cruz y las cruces de guía encabezan el génesis de un sinfín de vivencias que acontecen junto a Cristo.
Nuestra cruz de guía que encabeza el tiempo de cuaresma subyace los efectos de carestía para los cofrades. El comienzo del tiempo mejor que culminará con la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Cuarenta días que muestran la capacidad preparatoria del buen cofrade, material y espiritualmente. El camino de conversión, un llamado a cambiar nuestras vidas, a alejarnos del pecado y acercarnos a Dios. Es tiempo para reconocer nuestras debilidades y errores, para pedir perdón y para comprometernos a ser mejores personas. Es tiempo para cultivar las virtudes, para practicar la caridad y la compasión, para amar a Dios y al prójimo. Es el inicio de un camino de Esperanza más que marcado este año. La invitación a la transformación personal, a dejar que Dios moldee nuestros corazones y nos haga nuevas criaturas.
El comienzo de la cuenta atrás está muy cerca y miles de Vía Crucis se darán cita por los entramados urbanos de nuestras ciudades, en calles y plazas de nuestros pueblos. El Señor inaugura el tiempo de espera con el rezo que San Álvaro instauró hace 600 años en Scala Coeli, el primer Vía Crucis del mundo.





