La jornada que este pasado sábado se vivió en Roma, con motivo del Jubileo de las Cofradías, fue histórica. Y no solo para el Cachorro o la Esperanza de Málaga, sino especialmente para la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno de León.
La bella imagen, como las mencionadas, dejó estampas que difícilmente se repetián, por algunos de los enclaves más icónicos de una de las cunas de la civilización occidental.
Y, dentro de ellas, hubo otras no menos significativas, aunque de consumo interno. Como las que se pudieron ver cuando el consejero de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio de Castilla y León, Juan Carlos Suárez-Quiñones; el obispo de León, Luis Ángel de las Heras, y el alcalde de la capital, José Antonio Díez; portaron (pujaron) al Nazareno.
A diferencia de la ausencia del Papa y de autoridades eclesiásticas de peso, en el caso de León se pudo ver como su prelado disfrutó del momento como un devoto más de la imagen. Algo siempre digno de reconocer en un miembro de la jerarquía católica.





