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Cuando Andalucía pedía por las lluvias

Baena, Rota, Priego, Vélez-Málaga… No pocas son las salidas extraordinarias que están produciéndose en Andalucía para pedir por la lluvia. Las próximas tendrán lugar en Cabra, con la Virgen de la Sierra el próximo día 8 de diciembre, y en Écija, con el Santísimo Cristo de Confalón, un día después. Las imágenes más devocionales han sido siempre referencia a la hora de pedir por la llegada de las lluvias en etapas donde las sequías han causado verdaderos estragos en una tierra, la andaluza, que es el principal sustento de sus vecinos. Hoy, con una sequía que es la peor de los últimos 20 años, las cofradías vuelven a llevar a cabo métodos que nos recuerdan al pasado. A continuación mostramos un repaso a algunas de las que han tenido lugar a lo largo de los siglos en nuestra comunidad.

En Granada no pocas veces salió la patrona, la Virgen de las Angustias. Una de las que más huella dejó fue la procesión que realizó en 1635 para intervenir ante la grave sequía que asolaba a la población. En aquella ocasión la imagen fue trasladada hasta el convento de San Agustín. Al mismo tiempo que entraba en el cenobio, la lluvia comenzó a caer abundantemente, según narra Henríquez de Jorquera. La bendita imagen también salió por este motivo en otras ocasiones, como en marzo de 1849, en diciembre de 1882 y en abril de 1945. Curiosamente, también recorrió las calles de la capital nazarí el 11 de octubre de 1764, pero fue en agradecimiento por librar a Granada de una de las trombas de agua más históricas que se recuerdan. El Cristo de San Agustín también libró la ciudad de la sequía que padecía, saliendo en rogativas en 1587, entre otras fechas. En lo que respecta a la patrona de Almería, la Virgen del Mar, salió para pedir por las lluvias sobre todo durante el siglo XVII.

La hermandad del Cristo de Gracia conmemora en el próximo 2018 los 400 años de la llegada del crucificado a Córdoba. Una de las salidas que realizó se produjo el 1 de mayo de 1653 y que partió tras una propuesta que hicieron los labradores que vivían por entonces en el barrio de San Lorenzo. Participaron los religiosos de la orden trinitaria, cuyos miembros portaron las andas, y contó con la presencia además de la aristocracia de la ciudad. Nuestro Padre Jesús de la Pasión salió para pedir por el fin de las sequías siendo trasladado al Campo de los Mártires el Viernes de Dolores de 1734. Labradores y ganaderos fueron principalmente quienes pidieron una procesión con los mismos fines al obispado. Así pues, la imagen del Santísimo Cristo de la Misericordia salió en marzo de 1949.

En Sevilla, el arzobispo ha pedido a sacerdotes, consagrados, seminaristas y fieles laicos que se intensifiquen la plegaria a Dios pidiendo por el agua “que tanto necesitamos”. La Hiniesta gloriosa pidió por las lluvias en 1580, acudiendo hasta la catedral. Si en 1740 el ayuntamiento visita San Julián para agradecer a la imagen el cese de las lluvias causantes de las inundaciones, diez años más tarde hace lo mismo para pedir por el regreso del agua. También por el mismo motivo salió la imagen del Gran Poder, acompañado por las hermandades de las Tres Necesidades, el Silencio, Rocamador y la comunidad de San Antonio. Era el 7 de septiembre de 1800. El Señor de Sevilla presidió el altar mayor de la parroquia de San Lorenzo en 1874 durante la celebración de un triduo por el mismo motivo. La Virgen de la Antigua y Siete Dolores, una de las imágenes de más veneradas de la Sevilla del XVIII salió el 25 de marzo de 1737. Las últimas han sido protagonizadas por la Virgen de los Reyes, en 1981 y 1993 con la curiosa estampa de hacerlo sin el palio de tumbilla siendo la primera del siglo XX en rogativas en 1905 portando el tradicional manto liso que utiliza en estas ocasiones. Otra de las imágenes que ha salido por estas razones es la del Santísimo Cristo de la Expiración “El Cachorro”. Lo hizo el 14 de abril de 1849. El crucificado entró en su templo a las 21:00 h. lloviendo antes de las 22:00 h. La grave sequía que asoló la ciudad en 1905 hizo que algunos pensaran en sacar esta imagen por los mismos motivos, pero finalmente se redujo a una función religiosa en su sede canónica. En cuanto al Santo Crucifijo de San Agustín, la devoción cristífera más destacable en siglos pasados, salió en rogativas en 1525, 1566, 1669, 1737 y 1860, entre otras.

Cádiz miró no pocas veces al Señor atado a la Columna y Azotes que se encuentra en la iglesia de San Antonio de Padua. Una de las veces, durante la cuaresma de 1850, cuando la junta de gobierno propone la realización de una novena para acabar con la caída del agua. Un año después, el 12 de diciembre, el Cristo acude al templo metropolitano por la misma razón. No es extraño, por tanto, que sea conocido como “El aguador”. Por otra parte, a principios de noviembre se conmemora con una fiesta religiosa la mediación de la Virgen de la Palma para que las aguas no entrasen en la ciudad, por el terremoto de Lisboa. Otra ocasión en la que las imágenes se enfrentaron a las aguas para detenerlas. En Jerez, la Virgen de la Merced acudió a la catedral para una novena en 1589. Las cosechas estaban asoladas por las sequías y, al tercer día de estar la patrona en la seo, comenzaron a llegar las nubes, haciendo su aparición el agua.

En la provincia de Córdoba, nos encontramos con la salida del Nazareno de Aguilar de la Frontera, que lo hizo dos veces, en 1905 y 1930. En Huelva, la Virgen del Rocío fue trasladada a Almonte en 1589 por el mismo motivo. En Rociana del Condado, la Santísima Virgen del Socorro salió por la gran sequía de 1958, aunque una de las más recordadas sucedió cuando salió en 1905. Las lluvias no llegaban y se decidió sacar a la imagen. Cuando la Virgen iba por la calle de Las Huertas, una mujer inválida desde hace cuatro años comenzó a andar tras el paso. Se obró el milagro y los vecinos se abalanzaron sobre la mujer para quedarse con trozos de ropa, a modo de reliquia. En lo que respecta a la Virgen de la Cinta, en la capital onubense, se la invoca en el cabildo secular junto con la Virgen de la Concepción el 20 de abril de 1586 por el mismo fin.

Era el 3 de abril de 1683 y el obispado se reúne para tramitar la petición del ayuntamiento pidiendo que la Virgen de la Victoria recorriese las calles de Málaga. Cien soldados alabarderos acompañaron a la devota imagen hasta el templo metropolitano. También salió en procesión para todo lo contrario, hecho que sucedió el 4 de febrero de 1684, ya que llevaba 66 días sin parar de llover, anegando los campos y provocando serias inundaciones. La procesión se realizó por el interior de las naves catedralicias. En Antequera se celebró en 1598 una novena extraordinaria en honor de la patrona, la Virgen de los Remedios, lloviendo abundantemente aquel año. Casi una centuria después, el Cristo de la Salud que reside en la iglesia de San Juan recibió el sobrenombre de “Señor de las Aguas” al frenar la sequía que asolaba las cosechas en 1668. Una de las últimas de la provincia de Málaga tuvo lugar el 19 de noviembre de 1981, cuando el Cristo de la Sangre salió del santuario de la patrona de Ronda para pedir por la llegada de las nubes.

Nuestro Padre Jesús, conocido como “El Abuelo” ha sido una de las imágenes que más veces ha salido en procesión por las calles de Jaén para pedir por diversos avatares. También por la lluvia, como en 1824 y 1837. Pero en esta última, cuando estaba todo preparado para la procesión, cayó una incesante nevada, por lo que la imagen salió pero ya para dar gracias por el repentino cambio del tiempo. En 1859, en reconocimiento por la intercesión de Nuestro Padre Jesús, la cofradía de Labradores regaló un manojo de espigas de plata a la imagen. Otra de las ocasiones fue la de 1931, recogiendo “El Abuelo” a la Virgen de la Capilla, patrona de Jaén, en la iglesia de San Ildefonso, y marchando ambos hacia la catedral. En lo que respecta a la patrona de la capital jiennense, durante el siglo XVII se contabilizan un total de 28 procesiones extraordinarias en rogativas.  En zonas como Úbeda, solían pedir a Nuestra Señora de los Dolores, Nuestra Señora de la Yedra o el Cristo de la Caída. Un hecho curioso lo encontramos en Jódar, concretamente el 6 de marzo de 1911. Cuando los labradores se disponían a sacar al Cristo de la Misericordia, el sudario estaba mojado. El Cristo parecía estar sudando. Salió y comenzó a llover, creciendo las riadas en exceso al regresar la imagen. Aunque se dejó de celebrar la misa por este milagro, los últimos años, el IV domingo de cuaresma, los labradores se celebran su fiesta en la ermita a la que da nombre la sagrada imagen.

Aunque las rogativas pro pluvia se extendieron principalmente a lo largo de nuestro Siglo de Oro fueron un fenómeno que se extendió también por el resto de países europeos occidentales. Si tenemos en cuenta la importancia de las tierras en aquellas centurias, no es de extrañar que se celebrasen cuando los campos lo necesitaban. A pesar de ello, en pleno siglo XXI, asistimos a un nuevo capítulo donde las salidas extraordinarias para pedir por la llegada de las lluvias no quedaron relegadas al olvido.

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