La mañana de uno de los días que se vive con mayor intensidad por todo el pueblo cofrade, ha amanecido radiante en los cuatro puntos cardinales de la tierra de San Rafael.
Sin embargo, en dos puntos muy concretos de su geografía, esta intensidad ha mutado en brillo iridiscente y en plegaria metafórica para honrar las maravillas de la Madre de Dios. San Andrés y Fátima se han inundado de la fragancia incontenible de dos de las más bellas flores de cuantas florecen en el Jardín Edén de las devociones marianas de Córdoba, María Santísima de la Esperanza la niña de Juan Martínez Cerrillo y la Virgen de la O, la bellísima dolorosa de Antonio Bernal, que ya esperan ansiosas la llegada de sus hijos para escuchar sus plegarias y hacérselas llegar al Divino Redentor.
Así lo ha hecho nuestro compañero Antonio Poyato que ha querido acudir a su llamada para dejar testimonio a través de esta excelente crónica gráfica del día en que Córdoba se llena de esperanza.




















