Sevilla ya acaricia con el alma el momento en que María Santísima del Rocío será coronada como Reina y Madre en la Santa Iglesia Catedral el 5 de julio de 2025. Y lo hace a través de una obra profundamente simbólica, un cartel que no se contempla: se reza, porque nace desde la ternura más pura, la devoción más verdadera y el arte más genuino.
El cartel oficial de la Coronación Canónica ha sido realizado por Federico González Ramos, joven con Trastorno del Espectro Autista e integrante de Autismo Sevilla, bajo la orientación artística del profesor Roberto Becerra. Lejos de lo convencional, esta pieza ha sido elaborada como un collage, construido a mano con los dibujos del propio autor, recortados uno a uno y ensamblados con amorosa dedicación. Así, se convierte en una ofrenda visual, en un himno gráfico donde cada trazo es plegaria y cada color, una promesa.

Una Virgen serena entre jazmines, azucenas y símbolos de eternidad
En el centro de esta conmovedora composición emerge la figura de María Santísima del Rocío, serena y resplandeciente, coronada no con metales preciosos, sino con jazmines, como evocación de la ternura y la blancura inmaculada de su ser. A su alrededor, un mar de azucenas —flor mariana por excelencia— subraya su pureza sin mancha, su condición de Madre incorrupta y espejo diáfano de la gracia divina.
Pero el simbolismo no se detiene en las flores. Una abeja revolotea entre los pétalos, signo de constancia, laboriosidad y dulzura en la fe, mientras que una salamandra, criatura que no se consume en el fuego, remite al amor inextinguible, ese que no se destruye ni ante las pruebas más ardientes.
En la parte superior, como bálsamo y promesa, el Espíritu Santo desciende en forma de paloma, rodeado por una delicada lluvia de pétalos blancos, los mismos que cada Lunes Santo cubren el paso de la Virgen por las calles de Sevilla, y que volverán a llover el día de su gloriosa coronación.
Un entorno cargado de identidad: Santiago, la Redención, la Giralda y el olivo
Nada en este cartel es fruto del azar. A un lado de la imagen mariana se alza la Iglesia de Santiago, sede canónica de la Hermandad, junto al Señor de la Redención, fiel compañero de la Virgen en su caminar por Sevilla. De su costado florece el olivo, símbolo inseparable de esta corporación, árbol de paz, de esperanza firme y de fidelidad arraigada.
Al otro lado se erige la Giralda, majestuoso faro de la ciudad, que señala el lugar donde la Virgen será proclamada Reina por la Iglesia: la Catedral de Sevilla. Así, el cartel no sólo narra un acontecimiento, sino que construye un mapa espiritual y simbólico del itinerario que llevará a la Virgen desde su casa hasta el corazón palpitante de la ciudad.
Memoria, gratitud y promesa: don Eugenio y las palabras de un niño
En la parte inferior del cartel, como un recuerdo eterno, aparece una fotografía de don Eugenio, alma mater de la Hermandad. Lo vemos en un gesto histórico y entrañable: colocando la segunda corona sobre las sienes de la Virgen en los años ochenta. Un acto de amor silencioso que hoy resurge como legado vivo, como semilla que ha dado fruto en este presente glorioso.
Y como rúbrica final, con trazo infantil pero poderoso, escrito por la misma mano que dibujó este universo: “ROCÍO CORONADA”. Así lo escribía siempre Federico cuando retrataba a la Virgen. No era un título: era una certeza inquebrantable, una promesa cumplida. Era su forma de proclamar que ella ya reinaba en su corazón.
Este cartel no es solo una imagen que anuncia un acontecimiento. Es un acto de fe convertido en arte, una oración de papel que nos recuerda que cuando el corazón guía la mano, la belleza se transforma en plegaria, y María Santísima del Rocío, en Reina de todo un pueblo que ya se arrodilla ante su corona.











