Cuando el libro es un elemento indispensable

No pocas son las iconografías que se caracterizan por portar un libro entre sus manos. Desde la Anunciación, donde el modelo iconográfico se toma de los grandes maestro del Renacimiento que presentan así a la Madre de Dios hasta algunos santos donde el libro se convierte en un atributo de los mismos pasando por los evangelistas o el grupo escultórico formado por Santa Ana y la Virgen María. Incluso la orden capuchina llegó a popularizar la advocación de la Virgen de los Buenos Libros, hundiendo sus raíces en un romance anónimo del siglo XVII que dice: “Todo el amparo, Señora, de mi libro en ti le libro, pues eres libro en quien Dios encuadernó sus prodigios. Si al que es vida le ceñiste en tu virgen pergamino, ya libro eres de la vida; vida has de ser de los libros”. A continuación cinco imágenes marianas donde el libro es un atributo capital.

Nuestra Señora de la Anunciación

Atribuida a Duque Cornejo, quien la habría realizado alrededor de 1760, aunque otros la sitúan en el círculo de Juan de Mesa. De candelero, sostiene el libro, simbolizando así el cumplimiento de las profecías. En 2002, esta imagen fue restaurada en el taller de Almudena Fernández García.

Santísima Virgen del Voto

Adquirida por la Sacramental del Salvador en 1654 en pleno fervor concepcionista, desde finales del siglo XVII se la conoce con el título del Voto. Aunque la cantidad que pagaron al escultor se conoce, trescientos reales, no se tienen datos sobre la autoría de la imagen. De tamaño natural, la talla, de madera policromada, está concebida para procesionar. Entre las restauraciones más destacadas, la que le realizó Manuel Guitérrez Reyes a principios del siglo XX o la de Gutiérrez Carrasquilla, en 2010.

Virgen de la O gloriosa

Titular de la hermandad de la calle Castilla, no puede precisarse con claridad que esta imagen fuera la primitiva del siglo XVI a la que se le rindió culto o se trate de una obra posterior. Se trata de una imagen de candelero para vestir, teniendo encarnados únicamente el busto y las manos. El libro que sostiene entre sus manos contiene las antífonas que en la liturgia de las horas anuncian la navidad desde ocho días antes. Con pestañas y cabellera de pelo natural, ha procesionado en tan solo cuatro ocasiones, siendo la última de ellas la efectuada en 2016 en el Corpus Chico de Triana con motivo de los 450 años fundacionales de la hermandad. Durante esta salida lució una estética decimonónica, inspirada en la indumentaria de la salida extraordinaria de 1853, que quedó plasmada en un cuadro que donaron los duques de Montpensier.

Virgen de la Encarnación

Algunos estudiosos atribuyen esta excepcional imagen a Juan de Mesa, por lo que enmarcan su ejecución en el siglo XVII. Sin embargo, en la centuria decimonónica sufrió diversas alteraciones, como la inclusión de ojos de cristal. La imagen proviene de la desaparecida Esclavitud de Nuestra Señora de la Encarnación, absorbida por la hermandad de la Cena, de ahí que sea titular de la corporación del Domingo de Ramos.

Santa Ana y la Virgen

 Realizadas por Martínez Montañés, este conjunto se encuentra en el convento de Santa Ana, enclavado en la calle Santa Clara. Su autor repitió varias veces este modelo, aunque los expertos afirman que esta puede ser la mejor representación que hiciera de Santa Ana con la Virgen niña. Otra de ellas se encuentra en la iglesia del Buen Suceso, aunque la Virgen fue destruida en 1931 y fue sustituida posteriormente por otra talla. En esta última pueden contemplarse los rasgos de la que se encuentra en el convento de Santa Ana. Esta iconografía, además, aparecerá con frecuencia en la escuela sevillana de escultura entre los siglos XVII y XVIII.