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El Capirote, Opinión

Intramuros

Entre los debates que se abordan entre los círculos cofrades ha llegado a coger fuerza el siguiente: ¿están las hermandades intramuros en decadencia? Varios factores parecen apuntar que sí aunque también hay aspectos positivos que nos llevan a pensar lo contrario. Juzguen ustedes mismo.

Quienes defienden que las hermandades del centro están sufriendo una importante pérdida de hermanos en su nómina debaten contra quienes apuestan que las cofradías de centro mantienen todavía un importante número de miembros. Ahí están, por ejemplo, el Silencio, el Museo -ni qué decir tiene el Gran Poder- o el Beso de Judas, que viene a ser una de las hermandades con más empuje de los últimos años, enfilando un crecimiento que no parece tener síntomas de que decaiga en un corto periodo de tiempo. Al revés.

Sí es cierto que el despoblamiento del centro histórico frente a otros barrios con importante crecimiento, como Nervión o Heliópolis puede mermar el número de hermanos. Sin embargo, todavía es pronto para calibrarlo ya que, aunque cambian de residencia, la gran mayoría continúa teniendo vínculos con la hermandad a la que pertenece. Pero este despoblamiento favorecería a las hermandades de barrio. Luis es hermano de la Hiniesta pero también de Pino Montano. Y es de la de San Julián porque nació allí aunque después se mudó a vivir con su familia a Pino Montano. Allí se hizo hermano de la corporación del Viernes de Dolores pasado un tiempo y, su hijo, nace ahora en un barrio que pone su mirada en la Virgen del Amor. Es hermano también de la Hiniesta pero, ¿serán sus hijos, los nietos de Luis, hermanos de la corporación del Domingo de Ramos? Esta es una realidad que sí parece herir a las corporaciones del centro, pues el despoblamiento del casco histórico en beneficio de barrios más populosos sería lógico que se notase también en la nómina de las hermandades. De igual modo, las hermandades de los barrios experimentarían un crecimiento importante ante esta tesitura. El Cerro del Águila, San Bernardo o San Gonzalo son algunos de esos ejemplos que vendrían a confirmar esta teoría.

A pesar de ello, hasta que estos índices se noten tendrían que pasar varias generaciones aunque hay quien piensa que los citados efectos ya están notándose. Pero, ¿en qué hermandades? Si se contara con información suficiente de los miembros que forman las corporaciones, seguramente se podrían realizar comparativas con años anteriores para ver cómo han ido evolucionando las nóminas de hermanos. Que este hecho fuera posible sería una utopía si tenemos en cuenta el revuelo que se formó cuando se realizó aquel conteo de nazarenos que pasaba por la Campana para reajustar los tiempos de paso. Si algunas se oponen a que se conozca el número de hermanos que realiza estación de penitencia junto a sus titulares, ¿cómo iban a estar dispuestos a ofrecer los datos exactos de los miembros que la conforman si además ahora podrían utilizarse comparativas para ver si una hermandad ha crecido o no en los últimos años?

La opacidad a la hora de mostrar datos actualizados sobre los hermanos o sobre los nazarenos que acuden a la catedral termina afectando más de lo que pensamos, sobre todo el hecho de no querer revelar el segundo aspecto. Antes de una reforma global de la Semana Santa, ¿no sería mejor conocer el número de nazarenos que acuden al templo metropolitano para una mejora en el reparto de los tiempos de paso?

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