Cuando la Madre de Dios reparte Amor por las esquinas

Ha vuelto a suceder porque así Ella lo ha querido. María Santísima del Amor, envuelta en esa dulzura infinita de la que la que siempre hace gala, ha recorrido los rincones del barrio de San Basilio para precipitar su elegancia sobre los corazones que la esperaban. 

Como maná caído del cielo, la Madre de Dios ha derramado por el Alcázar Viejo su Amor infinito de Madre, su luz poderosa de Reina, su fuerza inabarcable de mujer luchadora y la fe incondicional de la que fue primera seguidora del mensaje de la verdad de imperecedera. 

Y lo ha hecho, como acostumbra a hacerlo, con esa magia majestuosa que desprenden su caminar y, al mismo tiempo, con esa humildad irrenunciable que es el aroma que se respira siempre en su presencia. 

Junto a Ella ha estado, una vez más, nuestro compañero Antonio Poyato, testigo infatigable del instante y cronista perenne de la Córdoba Cofrade, para regalarnos nuevamente lo ocurrido en virtud de su particular manera de ver y sentir.