El aire destilaba un aroma diferente la mañana de este domingo. El aroma de las cosas únicas y trascendentales. El aroma que confirma que Ella ha vuelto a pisar las calles de la Córdoba más lejana, la que muchos creen separada de sus más hondas tradiciones que se materializan y confirman en cada gesto y cada instante. Todos se arremolinaban alrededor de la dolorosa del Zumbacón camino de la encrucijada de callejuelas del barrio de Santa Marina, para rezar junto a Ella y para beber de su infinita mirada que acaso parecía esbozar un halo de satisfacción por el regalo que le hacían sus hijos mercedarios.
Elegantemente vestida y acompañada por un considerable número de fieles, la Virgen de la Merced llegó al Colodro donde la esperaban sus hijas, las Esclavas del Santísimo y la Inmaculada que rezaron una Salve dedicada a Ella, en uno de los momentos más emotivos de la mañana. Tras una emocionante petalada en la calle Marroquíes, la Reina de San Antonio de Padua enfiló el camino de regreso a su hogar a las orillas del Zumbacón, bendiciendo con sus huellas ese mismo camino que muchos reproduciremos mañana mismo para acudir a nuestras obligaciones cotidianas sabiendo que allí estuvo, hace tan solo unas horas, la Madre de Dios, derramando sus maravillas. Nuestro compañero Antonio Poyato quiso ser testigo de una mañana que ha pasado ya a formar parte de la memoria de toda la Córdoba Cofrade.





