Opinión, Pentagrama, Verde Esperanza

Cuando la música de palio se convierte en himno

La Semana Santa es una festividad religiosa que difícilmente puede desligarse de su faceta cultural. Y es que, a pesar de ser un hecho cuya base y pilar fundamental es el sentido religioso de llevar el mensaje de Jesús al pueblo y, por tanto, evangelizar. Es lo que habitualmente se conoce como religiosidad popular. De la vertiente cultural de la celebración, que sería de necios negar, puesto que la Semana Santa es uno de los eventos que mayor público congrega en las calles de todo nuestro territorio de forma generalizada, un aspecto fundamental es la música procesional.

Un terreno, el de la música cofrade, que ha experimentado un crecimiento excepcional en los últimos años. Los grandes autores del siglo XIX han enriquecido de forma exponencial el patrimonio musical de Hermandades a lo largo y ancho de nuestra querida tierra. En lo que respecta a las bandas de música y las marchas de palio, sin duda uno de esos grandes autores es el jienense Pedro Gómez Laserna, quien dirigió a bandas como la del Regimiento de Infantería de Lepanto nº2 en Córdoba, o la del Regimiento de Soria nº 9 en Sevilla. Precisamente en estas dos ciudades dejó dos marchas de las más emblemáticas para sus respectivas Semanas Santas. Con respecto a la ciudad de San Rafael, el maestro Laserna compuso quizá su marcha más representativa. Se trata, como no podía ser de otra manera, de «Saeta Cordobesa», dedicada a la Hermandad de la Buena Muerte y compuesta en el año 1949. Revestida de tintes sobrios especialmente en su inicio, se trata sin duda de una obra cargada de solemnidad, que evoca a la perfección los sentimientos de la Virgen María en los momentos de la Pasión de Jesús.  Plagada de contrastes y momentos brillantes, remata la composición una saeta instrumental con tintes melódicos y nostálgicos poniendo la guinda a todo un himno de la Semana Santa cordobesa e incluso me atrevería a decir andaluza, puesto que su interpretación ha sido y, afortunadamente, es, habitual en muchos rincones de nuestra geografía. Por su parte, en lo que concierne a la ciudad de la Giralda, la marcha «El Cachorro, Saeta Sevillana», viene a ser otra de las marchas procesionales más características de la Semana Santa hispalense. Dedicada al agonizante Cristo de la Expiración, popularmente conocido como «El Cachorro», del sevillanísimo barrio de Triana, esta marcha procesional es todo un poema sinfónico plasmado en partitura por el jienense casi dos décadas después de componer su homónima cordobesa. De igual forma que con «Saeta Cordobesa», «El Cachorro, Saeta Sevillana» es una composición que combina a la perfección momentos tenues y otros brillantes en la que destaca el resplandeciente e ingenioso diálogo en la saetilla que supone, como en la marcha cordobesa, un remate celestial para una marcha absolutamente incomparable. Las saetillas que rematan ambas marchas guardan una clara similitud, envueltas en una armonía exquisita con sutiles diálogos entre instrumento que desembocan en una explosión de júbilo de gran intensidad, siendo, de este modo, sello característico de Laserna en dos de las principales marchas procesionales que regaló a Andalucía.

Sin embargo, no fue Laserna el primero en valerse de la estructura sonora del característico cante andaluz. El maestro Manuel López Farfán la utilizó en varias ocasiones, como en la marcha «Spes Nostra» compuesta en 1904, o en la conocidísima «La Esperanza de Triana», compuesta en el año 1925, para que el legendario músico sevillano se inspiró, precisamente, en una saeta cantada por los presos de la carcel, por la que ambos titulares de la populosa Cofradía pasaban cada Madrugá. Esta estructura de la saeta aparece de forma clara en las mencionadas marchas de Laserna, durante el trío final de las mismas, intentando imitar a través de los instrumentos más agudos los quiebros de la voz del saetero.

En la época contemporánea hay dos grandes músicos que han tomado el difícil relevo de Laserna componer marchas con ese sello característico de la saeta. Tal es el caso de David Hurtado Torres, de la mano de su marcha «¿Quién te vio y no te Recuerda? Saeta Jerezana», estrenada en febrero del año 2015. La dedicatoria es para la Madre de Dios de la Misericordia de Jerez, titular de la Hermandad del Transporte. Una dolorosa bellísima cuya mirada es de las que más pueden transmitir de las que uno recuerda. La marcha es un prodigio de alfa a omega, comenzando con un tema con aire fresco y jovial que la diferencia de sus dos predecesoras. La saeta es de las partes más complejas de interpretar de las que pueden escucharse en marchas de palio, con frases que suben y bajan en el pentagrama con una naturalidad asombrosa conforme se desarrolla esta parte tan reconocible, que va ganando en intensidad y emoción conforme transcurre la melodía de las maderas, como si fuera el cante de una auténtica saeta, desembocando, como en las obras de Laserna, en una explosión de algarabía que clausuran la marcha. Si hubiera que definir la marcha de Hurtado en una sola palabra, quizá la más adecuada sería «sentimiento». Y es que se antoja complicado que alguien haya escuchado la composición y no se le hayan despertado un amplio abanico de sentimientos en su persona: sobrecogimiento, inquietud, emoción… Otro de los grandes compositores que podemos disfrutar en nuestra época es, sin duda, Cristobal López Gándara, quien, a su vez, también tomó el testigo de Laserna para componer «Dolores, Saeta Onubense», dedicada a la titular mariana de la Hermandad de la Merced de Huelva, conocida popularmente como la de Los Judíos. Esta bella obra comienza con un tono más similar a las dos magnas marchas de Laserna, en una tesitura más sobria, con sendas alusiones claras a la Marcha Real. Gándara quiso dejar su sello particular en la saetilla de la marcha, la cual, como no podía ser de otra manera, posee clara esencia de Laserna, con un desarrollo revestido de gran elegancia. La particularidad es que esta se esboza ligeramente al comienzo de la marcha y, una vez se presenta en su plenitud por las maderas, se repite de nuevo en fuerte, representando a la perfección la majestuosidad del paso de palio andaluz y la dulzura de la Virgen María.

Sin duda, estas cuatro obras maestras, a pesar de pertenecer a distintas épocas y autores, poseen la entidad suficiente como para representar verdaderos himnos de sus respectivas Semanas Santas. Jerez, Sevilla, Córdoba y Huelva tienen en sus saetas una excelente catequesis musical de la belleza que encierra uno de los patrimonios culturales más importantes de Andalucía: el paso de palio. Marchas, con sus evidentes similitudes y sus diferentes características que vienen a ser la perfecta metáfora de la Semana Santa andaluza a través de sus pasos de palio. Una misma pasión, enlazada entre distintos puntos geográficos por un claro hilo conductor estético, puesta en escena en la calle con las características que marcan la idiosincrasia de cualquier rincón de nuestra amada Andalucía.