Cuando Sevilla se ilumina con la luz de la Candelaria

Durante los días 31 de enero, 1 y 2 de febrero, la parroquia de San Nicolás se transformó en un templo de luz y recogimiento, donde la venerada María Santísima de la Candelaria se dejó contemplar por los fieles, irradiando una paz que parecía detener el tiempo en cada rincón del templo.

La ciudad de Sevilla se volcó hacia el resplandor de la Dolorosa, y fueron numerosos los devotos que acudieron a reflejarse en sus ojos, buscando consuelo, esperanza y un instante de contemplación silenciosa, mientras nuestro compañero Benito Álvarez inmortalizaba con su cámara cada gesto y cada mirada.

La fiesta de la Luz: un abrazo del cielo sobre la tierra

El 2 de febrero, jornada central de la celebración, se vistió de solemnidad y ternura con el día de Nuestra Madre María Santísima de la Candelaria, conocida como la fiesta de la Luz. Cada vela encendida y cada paso reverente se convirtieron en un rastro luminoso que iluminaba el camino de los fieles hacia la Virgen.

La parroquia se llenó de murmullos de oración, de pasos pausados y de devoción profunda, recordando que la luz de la Candelaria es también luz de esperanza y consuelo para el alma.

Presentación de los niños: un encuentro de fe y ternura

Entre los actos, la Presentación de los niños a la Virgen emergió como el instante más entrañable, donde la inocencia de la infancia se une a la mirada protectora de María.

Los pequeños, guiados por sus familias, se acercaron con respeto y asombro, convirtiéndose en símbolos vivientes de la devoción que se transmite de generación en generación, mientras la Virgen parecía aceptar con silenciosa gracia cada corazón ofrecido.

Rostro de dolor y serenidad: la belleza de la Candelaria

La imagen de María Santísima de la Candelaria, a pesar de su origen en el siglo XX, conserva un magnetismo profundo que cautiva a quien la contempla.

Esculpida por Manuel Galiano Delgado en 1924 y remodelada con maestría por Antonio Dubé de Luque en 1967, su rostro refleja la pena de la Dolorosa, pero también la serenidad de quien confía en que la Pasión de su Hijo culminará en la Resurrección, un equilibrio de tristeza y esperanza que emociona a los fieles.

La Candelaria y su memoria cristiana

El título de Candelaria guarda en sí la riqueza de la historia cristiana, vinculándose a la Purificación de Nuestra Señora, celebrada cuarenta días después del parto y conmemorando la Presentación de Jesús en el templo ante el anciano Simeón, cumpliéndose así la profecía.

Cada elemento del paso procesional recuerda este acontecimiento: las dos palomas que rematan el palio simbolizan la humildad de la familia de Nazaret, mientras el azul y plata del manto evoca el cielo que envuelve Sevilla bajo la mirada maternal de la Virgen.

Un momento de contemplación y devoción

La exposición de la Virgen permitió a los fieles detenerse y sumergirse en la luz que emana de su presencia, mientras la ciudad parecía respirar con el ritmo pausado de la oración, dejando que la Candelaria iluminara corazones y despertara sentimientos de fe y ternura en cada visitante.

En cada pupila reflejada, en cada gesto de respeto, Sevilla vivió un instante de silencio sagrado, donde la luz de la Dolorosa se convirtió en un vínculo entre cielo y tierra, un puente de esperanza que transformó el templo de San Nicolás en un espacio de consuelo y belleza eterna.