Internacional, Sevilla, 💚 El Rincón de la Memoria

Cuatro siglos y medio del nacimiento del «dios de la madera»

Según el calendario juliano, sustituido en 1582 por el calendario gregoriano a instancias de Su Santidad Gregorio XIII, tal día como hoy de 1568 nacía en la localidad jienense de Alcalá la Real el insigne escultor Juan Martínez Montañés, el «Lisipo andaluz» o el «dios de la madera». Su espectacular obra renacentista le ha llevado a convertirse en el máximo exponente de la escuela sevillana de imaginería. Su trayectoria, fundamentalmente religiosa, no sólo se expande por Andalucía y el resto de España, sino que cruzaron el Atlántico hacia el continente americano.

Bautizado en la Parroquia de Santo Domingo de Silos de Alcalá la Real, Montañés era el único varón de siete hermanos. En 1579 se trasladó junto con su familia a Granada, donde comenzó su formación escultórica en el taller de su paisano Pablo de Rojas. Sin embargo, el aprendizaje en esta ciudad sería corto, pues ya en 1582 se establece en Sevilla, donde inicia su trabajo en el supuesto taller de Gaspar Núñez Delgado. Además,se inscribió en la «Hermandad del Dulce Nombre», donde consta que donó una imagen mariana, aunque no dice que fuera de su autoría.

En 1587 contrae matrimonio con Ana de Villegas en la Parroquia de San Vicente, de cuya unión nacerían cinco hijos. Al año siguiente, Montañés compareció ante un tribunal examinador, compuesto por Gaspar del Águila y Miguel de Adán, para acreditar su suficiencia en la escultura y diseño de retablos y poder así abrir negocio propio. En 1591 fue encarcelado por sospecharse su implicación en el asesinato de un tal Luis Sánchez, permaneciendo en la cárcel dos años. Tras enviudar en 1614, contrajo nuevamente matrimonio en 1614 con Catalina de Salcedo y Sandoval, con la que tendría siete hijos.

En 1635 viajó a Madrid, donde había sido contratado para moldear en barro el busto del rey Felipe IV, que junto con el retrato ecuestre de Velázquez debían servir como modelo para una estatua ecuestre que iba a realizar el italiano Pietro Tacca, actualmente en la Plaza de Oriente de Madrid. ​Este encargo le valió el sobrenombre de «Lisipo andaluz». Durante su estancia en la capital fue retratado por Velázquez, cuya obra se encuentra expuesta en el Museo del Prado, al que ya conocía desde su etapa de aprendiz en Sevilla.

Juan Martínez Montañés falleció en Sevilla, a los 81 años de edad, el 16 de junio de 1649, víctima de la epidemia de peste de 1649 que asoló Sevilla y en la que murió casi el cincuenta por ciento de la población de la ciudad. Fue enterrado en la antigua Parroquia de la Magdalena, aunque con motivo de la desamortización española del siglo XIX, dicho templo fue demolido y se perdieron sus restos.

La vida de Martínez Montañés  fue una vida profundamente religiosa, con un gran conocimiento de la Biblia y de textos de santa Teresa de Jesús, Fray Luis de Granada y san Juan de la Cruz. Perteneció a una agrupación religiosa llamada «Congregación de la Granada», que defendía la Concepción Inmaculada de María, lo que le provocó un problema con la Inquisición en 1624. Además, acudía a numerosas tertulias artísticas y culturales de Sevilla, donde conocería a varios personajes de prestigio como Alonso Cano o Francisco de Salinas, colaborando también en 1598 con Miguel de Cervantes para realizar el túmulo de Felipe II.

La obra de Martínez Montañés

Casi toda su obra es de carácter religioso. En el ámbito profano sólo se conocen las esculturas orantes de Alonso Pérez de Guzmán y su esposa María Alfonso Coronel, realizadas para la capilla mayor del monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce, y el mencionado busto de Felipe IV.

Durante los primeros años que vivió en Sevilla, Montañés recibió la influencia de Jerónimo Hernández y sus discípulos Gaspar Núñez Delgado y Andrés de Ocampo. En la policromía contó con la colaboración de grandes pintores, como Francisco Pacheco, Juan de Uceda y Baltasar Quintero. Fue el máximo exponente de la escuela sevillana de imaginería, en la que tuvo como discípulo al insigne cordobés Juan de Mesa.

El estilo montañesino posee unas características más clasicistas y manieristas que propiamente barrocas, aunque al final de su carrera apuntó al realismo barroco. Entre los temas más tratados en sus obras se encuentran la figura de Cristo crucificado, entre los que destacaría el Señor de la Clemencia o de los Cálices, conservado en la Catedral de Sevilla.​ El otro tema más repetido en su iconografía es el Niño Jesús, donde Montañés consiguió el prototipo en la imagen que se encuentra en la Iglesia del Sagrario de Sevilla, fechado en 1606, del que se realizaron numerosas réplicas e imitaciones.

Tras conseguir el título de maestro escultor y arquitecto de retablos en 1588, la primera obra de Montañés sería el encargo en 1589 para un relieve de la Santa Cena en piedra. También realizadas en ese mismo año fueron Nuestra Señora de Belén y un San Diego de Alcalá para el Convento de San Francisco de Cádiz. Sin embargo, estas obras no han podido ser identificadas debido a su desaparición.

De 1597 data la primera obra conservada de Martínez Montañés. Se trata de la imagen de San Cristóbal de la Iglesia del Salvador de Sevilla, una magistral obra de 2,2 metros de altura encargada por el gremio de guanteros. Fue concebida como imagen procesional y se conoce que salió en cortejos de 1598. La escultura del Niño Jesús parece ser ejecutada por algún ayudante.En esta obra e encuentran profundas huellas de la influencia de Miguel Ángel Buonarroti.

De 1598 procede un retablo realizado por Juan de Oviedo para el Convento de Santa Clara en Llerena (Badajoz), en el que Montañés realizó la escultura de San Jerónimo penitente. Aunque el retablo no se conserva, sí la escultura, la cual parece estar inspirada en la obra homónima de Pietro Torrigiano, conservada actualmente en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

El periodo maduro de Martínez Montañés comienza con la realización del mencionado Cristo de los Cálices en 1603. El contrato fue muy detallado en lo relativo a la figura del Crucificado: «Ha de estar vivo antes de haber expirado, con la cabeza inclinada sobre el lado derecho, mirando a cualquier persona que estuviese orando al pie de él, como que está el mismo Cristo hablándole y como quejándose de que aquello que padece es por él». La policromía fue realizada por Francisco Pacheco. Esta obra tuvo su precedente en el Cristo del Auxilio de Lima, ejecutada también en 1603. El Cristo de los Desamparados, del Convento del Santo Ángel de Sevilla, es una copia del Cristo de los Cálices, encargada por los Carmelitas Descalzos en 1617.

En 1604, Montañés contrató la construcción del retablo de la Capilla de San Onofre del desaparecido Convento de San Francisco de Sevilla, que constituyó su primer encargo para la arquitectura de un retablo. Entre 1605 y 1609 realizó la estatua de Santo Domingo que actualmente se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, que pertenecía al retablo del Convento de Portaceli. De 1606 datan el mencionado Niño Jesús encargado por la Cofradía del Santísimo Sacramento del Sagrario y la Inmaculada de la Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación de El Pedroso, que posee influencias de la Inmaculada realizada por Jerónimo Hernández para la Iglesia de San Andrés de Sevilla; para el mismo retablo se encuentran los relieves de los apóstoles Santiago y Bartolomé.​ También data de este año el retablo de la Circuncisión para el desaparecido Convento de San Francisco en Huelva, hoy en el Monasterio de Santa Clara de Moguer.

En 1607, Montañés realiza el diseño y las figuras principales del retablo del Convento de la Concepción de Lima. En 1609 comienza la ejecución del que sería uno de sus trabajos más destacado, el retablo e imágenes de la Iglesia del Convento jerónimo de San Isidoro del Campo en Santiponce. La obra quedó concluida en 1613 y en ella intervinieron varios artistas ensambladores y escultores, casi con toda seguridad Juan de Mesa y Francisco de Ocampo. Bajo el patrocinio de la Casa de Medina Sidonia, en 1616 realizó la Virgen con el Niño que se conserva en la Catedral de Huelva. Es en este tiempo, entre 1610 y 1615, cuando Martínez Montañés realizaría el portentoso Nazareno de Pasión, que se encuentra en la Iglesia del Salvador y que sale por las calles hispalenses cada Jueves Santo.

La década de 1620 está marcada por diversas circunstancias personales, como el largo trabajo desarrollado durante estos años y la muerte de su hermana y de varios de sus colaboradores y amigos más directos, como Juan de Oviedo y Juan de Mesa, así como algunos pleitos profesionales que mantuvo en torno a la ejecución de sus trabajos. Es ahora cuando contrata el retablo del Monasterio de Santa Clara y los retablos de San Juan Bautista y San Juan Evangelista del Convento de San Leandro.

En 1631 finaliza el retablo de las capillas de la Inmaculada en la Catedral de Sevilla, con las imágenes de «la Cieguecita», San Juan Bautista Niño al estilo de Donatello, San Gregorio… Las obras del retablo de la Iglesia jerezana de San Miguel, aunque iniciadas en 1601 y con varias incidencias, se prolongaron hasta 1643 debido a la falta de recursos financieros. En 1632 trazó la parte arquitectónica del retablo mayor de la Parroquia de San Lorenzo de Sevilla, cuyas esculturas y relieves fueron realizados por Felipe y Francisco Dionisio de Rivas entre 1645 y 1652.

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