La reciente presentación del nuevo Ecce-Homo concebido por el imaginero Darío Fernández para la colección Moraza Navarrete ha suscitado una honda admiración en los círculos artísticos y cofrades. La obra, de impecable factura y poderosa expresividad, confirma una vez más la capacidad del escultor sevillano para elevar la imaginería contemporánea a cotas de excepcional brillantez.
Nacido en Sevilla en 1973, Fernández ha cultivado desde su niñez una vocación creativa que pronto lo condujo al taller del maestro Antonio Dubé de Luque, quien lo acogió como discípulo y lo adentró en los rigores del oficio. Allí, entre gubias y maderas nobles, el joven artista forjó su identidad estética, al tiempo que cursaba en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Sevilla las especialidades de Escultura en Madera y Piedra y Cerámica, formación que completaría posteriormente en la Facultad de Bellas Artes de su ciudad natal. Esta sólida base académica, unida a su sensibilidad innata, se revela hoy como un sólido cimiento de su espléndida trayectoria.
Para hallar la primera obra de relevancia del imaginero debemos retroceder hasta 1992, año en que realizó las figuras de San Juan y San Marcos destinadas al paso del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia de la Hermandad de la Sagrada Cena de Sevilla. Aquellas esculturas, todavía hoy celebradas, supusieron un punto de inflexión en la carrera de un creador que comenzaba entonces a ser contemplado como una promesa firme dentro del panorama cofrade.
Tres décadas después, este nuevo Ecce-Homo emerge como una joya artística, una maravilla plástica que confirma no solo la madurez estilística de Fernández, sino también el elevado nivel técnico y espiritual que distingue a su producción. La pieza irradia una fuerza indiscutible y una unción sagrada que trascienden lo meramente material, atributos que consolidan al autor como uno de los nombres imprescindibles de la imaginería del siglo XXI. Su creación, cargada de hondura teológica y de una estudiada anatomía emocional, lo sitúa de nuevo en la vanguardia del arte sacro contemporáneo.





















