El Capirote, Opinión, Sevilla

De la Campana y los abonos

Tenemos tendencia a meter la pata. Tanto que tropezamos una y otra vez con la misma piedra. Y nadie está fuera de este juego. Ni siquiera el universo de la Semana Santa. A menos de tres meses para que asomen los primeros cortejos por los barrios los contagios siguen aumentando y aunque los síntomas son leves hay quien no piensa ocupar su silla en la Campana.

No tardan en proliferar por las redes quienes ofrecen ya su sitio. Porque mucho tendrían que cambiar las cosas para perder el miedo al coronavirus y más todavía para no mantener la distancia social. La pandemia nos ha traído nuevas formas en nuestra relación con los demás. Uno entra en cualquier comercio del centro ahora en rebajas y no puede evitar sentir cierta sensación de caos cuando el contacto es más estrecho que en la calle. Y si se trata de acceder a un restaurante optamos por quedarnos en el exterior antes que romper una distancia que a algunos provoca pánico.

Imagínense en las sillas de la carrera oficial. ¿Qué distanciamiento hay que respetar? ¿Quién aguantará, si hace buen tiempo, con la mascarilla, apostado al sol? ¿Vamos a comernos el bocadillo sin que alguien rechiste y tengamos que asistir a un espectáculo bochornoso?

Tantos interrogantes y el temor a que la situación no cambie como para que todo vuelva a lo que conocíamos como normalidad está provocando que usuarios ofrezcan su abono al mejor postor. El tema de la reventa es uno de los asuntos pendientes del Consejo pero al igual que las reformas del Martes o el Miércoles Santo y la Madrugada y otros tantos asuntos tendrá que esperar. Mientras, quienes no esperan ya se han puesto en marcha. Tan fácil como buscar en internet.