Cruce de gallardetes, Opinión

De torero de salón a directivo cofrade

Querido lector de cruce de gallardetes:

Hacía tiempo que no hablábamos de los diferentes tipos de cofrades que encontramos en nuestras corporaciones, por ello, hoy, vamos a detenernos en una tipología, que de vez en cuando (a Dios gracias no siempre) aparece en nuestras Cofradías y Hermandades.

Hoy, queridos amigos, vamos hablar sobre ese cofrade, que es torero de salón, que lo ve todo desde la barrera y sin ensuciarse las manos, pero que el tiempo, nos dirá una vez más, que cuando asuma un cargo en una directiva cofrade, todas esos pases, quedarán en saludos desde el tercio.

Sé, que en estos momentos, está viniendo a vuestra cabeza el rostro de más de uno y más de dos. Sí, todos conocemos a ese tipo de cofrade, que, especialmente, aprovechándose de las horas bajas de una determinada junta de gobierno, apremia para promocionarse y erigirse como salvador de todos los problemas existentes y decir qué, cómo y cuándo se tienen que hacer las cosas. Normalmente, este tipo de perfil cofrade, tiene poca experiencia en lo que es el “aparato” cofrade y por lo tanto, como se dice “hablar es gratis”.

Y claro, de salón todos toreamos muy bien, arreglamos no solo los problemas de una determinada Cofradía, sino la de toda una agrupación o consejo de Cofradías. Y llega la hora de la verdad, llega el momento de la continuidad en el seno de las juntas de gobierno y como tanto va el cántaro a la fuente, pues al final se rompe.

El toreo de salón, se convierte en querer hacer esas propuestas salvadoras en el menor tiempo posible, sin saber los protocolos y los tiempos que se establecen para determinadas acciones, amén de la financiación necesaria para llevarlos a cabo. Al final, pues lo de siempre, que por la boca muere el pez, se acaba la legislatura y todo ese toreo, queda en absolutamente nada.

Conclusión, que está muy bien ser torero de salón, pero luego, a regañadientes se termina la legislatura y si te visto no me acuerdo, pues no era tan fácil como se prevería y por lo tanto, para hablar, primero, hay que trabajar.