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El viejo costal, Opinión

Del infinito odio a un corazón esclavo

Hemos visto la actuación de radicales que piensan que la iglesia es como un partido político contrario a sus ideales, y confundidos por la simpleza de que todo lo que es bueno para nosotros,  es malo para ellos, con este pensamientos creen que la única respuesta posible es la violencia, el asalto y el insulto constante a todo lo que tenga relación con la religión, con la Semana Santa, con cofradías y con las distintas organizaciones eclesiásticas y obras sociales como Caritas, comedores, y albergues.

Pero la vida me ha enseñado que todo no puede ser malo, y que si todo es malo lo único malo es nuestra forma de pensar, todo, todo, tampoco será bueno, las cosas están fundamentadas en la libertad que tienen los hombres para realizar tanto el bien como el mal. Por esto algunas son buenas, otras regulares y otras malas. Pero lo que no puede ser tampoco es que sea el odio infinito a todas ellas lo que caracterice a los que radicalmente piensan que la religión es algo que se ha de eliminar necesariamente, para que así solo queden sus ideales y que esto es lo que reafirma su razón.

Tanto de parte de un bando, entendamos el radicalismo extremo, como del otro, entendamos los que quieren practicar su religión a toda costa, y además quieren implantarla como única posibilidad para el resto de la población.

Ambos bandos tienen el corazón esclavo de un odio infinito, que obligan a unos y otros a enfrentarse de una u otra manera, odio y esclavitud de unas ideas, ideas que no te hacen ni mejor ni peor persona, simplemente se trata de demostrar que las mías son las ciertas, y que la de los demás son falsas y engañosas.

La verdad es que los dos bandos están equivocados, la verdad no es algo que sea necesario defender, la verdad sobrevive sobre las ideas, ciertas o falsas, para mí, la verdad será una que no coincidirá casi nunca con la tuya, una será cierta en parte y la otra también.

El someterse a estos fines trae como consecuencia la esclavitud de los pensamientos, y que nuestro corazón permanezca esclavo de ellos, y solo genere odio.

Hay que liberarse de cualquier forma de esclavitud, sobre todo de las implantadas, malo sería que nos obligasen a todos a ser religiosamente practicantes, o a ser todos ateos, los dos extremos se tocan, los dos extremos son igual de falsos y de tiranos.

Piensa que todo lo implantado tiránicamente es una obligación, nunca placentera, nunca querida, nunca sentida, es simplemente, una obligación dictatorial tanto de un bando como del otro.

Lo bueno es libertad para los esclavos de pensamientos y serenidad para que nuestros corazones sean libres, al igual que nuestras acciones.

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