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Diario de Cuaresma (VIII): Herodes

Extracto del Pregón de la Semana Santa de Sevilla

Francisco Javier Segura Márquez. Año 2013

Francisco Javier Segura nos invita a retrotraernos a la Calle Feria un Domingo de Ramos. Jesús es sometido al juicio de Anás, quien le mira con extrañeza y desapego.

El fragmento sobrecoge por la intensidad del momento, así como por la belleza de la prosa y el verso del pregonero. Anochecer en San Juan de la Palma es evocar un universo de sensaciones.

Temblaron las llamas y los candelabros

Desnudo el corazón, me pide la emoción guardar Silencio. El mismo silencio que mi Señor del Desprecio, por quien ahora debería callar, pero “si yo me callara gritarían las piedras”. Las piedras de las corralas, llenas de vida. Las piedras de mi fe, talladas por ti, Señor, en la erosión constante de mi visita al Sagrario donde te canto el Christus Factus Est sin órgano ni partitura son las que gritan ahora, son las que piden cantarte y alabarte.

Sabes que no puedo verte, porque me he empeñado en seguir a tu madrea allí donde Ella vaya. Pero antes de que te marches a policromar de blanca locura las calles de la ciudad, me da tiempo a despedirme de ti. Me falta tiempo para apreciar tus detalles de ese misterio que durante los oficios del Jueves Santo permanece inmóvil a mi espalda, prestando todo el protagonismo a la liturgia de los días santos, de la cual un cofrade no puede desentenderse como si olvidarse de los oficios fuera su característica singular.

Recuerdo los oficios y recuerdo la salida, y equivoco los papeles de unos y de otros, y así me permito asignarle a uno de los malos un buen sitio en esta historia amargurista.

Era un Domingo de Ramos… Sonó el llamador, y dio el primer paso, temblaron las llamas y los candelabros. Paso lento, poco a poco, la cintura, ya recorto, sobre la luz ese esbozo. De las sombras hasta el trono los perfiles de un barroco que en la calle se hace gozo.

Romano, Señor, Romanos, dos más. Ya suena, ya está, Silencio Blanco…Tá, tá, tá… Manos atadas, marcadas venas, cabeza gacha, tersa melena. Mirada dulce, que te embelesa, no como el bicho que le protesta.

Este es el Cristo que, tras la reja de su Sagrario, me desconcierta, y cuando calla en su Besamanos, y en los eneros de su quinario, me da razones para adorarlo. Ya es la última cadencia, da un paso, otro paso y…se marcha! Se va el Señor, pero vuelve a los ojos su prestancia, se va, porque debe irse, porque Herodes, que es un plasta, tiene el cuello retorcío viendo cómo se le escapa.

Que no, Herodes, que no, quillo, ¿qué dices? ¿que eres tetrarca? ¡Aquí manda cuatro veces y cuatro mil el que manda! Herodes, a ti te llevamos porque sí, porque hace falta, porque tú vas con tu enfado y tus collares y contrastas y haces más bueno al Más Bueno que has echado de tu casa.

Herodes…este Herodes… ¡qué torpe eres miarma! Ve a buscar a Villanueva, pídele sitio en la alta, seguro que a la primera no encuentra otro…y te iguala!

Dadle un relevo…importante, que sepa bien lo que carga, y le digan Nani Aguado y Álvaro Núñez con guasa, con palmaíta en el hombro… Herodes…¿qué? ¿Te da caña?

Pa que lo cuente lo historia, pa que se escriba en las actas, pa que lo sepan los niños que en los concursos no fallan. “Di una imagen secundaria que salió de costalero en su cofradía”. Y te saltan. “Yo lo sé, yo lo sé, yo lo sé”: A ver, responde el equipo que siempre las rosas gana.

“Eso fue que un pregonero, le dijo que se buscara, un sitio para llevar al Dios de quien se burlaba. Lo dejó la cofradía, y el capataz le dio cancha, y lo supo todo el barrio y el barrio lo echaba en falta. Y es que Herodes dejó el trono, la corona y las alhajas, y salió de costalero desde San Juan de la Palma”.

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