El fin de semana en la ciudad de Córdoba ha propiciado dos escenas con un elevado contenido estético, potenciadas, como solamente él sabe hacer, por el arte que emana de las mágicas manos de Manuel Jiménez, auténtica indiscutible referencia del arte de vestir a la Virgen en la ciudad de Córdoba, capaz de lograr con cada una de sus creaciones exactamente lo que pretende: convocar a la oración y propiciar que todas las miradas se concentren en la belleza infinita de la Madre de Dios.
Ha ocurrido en dos puntos relativamente dispares y alejados de la geografía cordobesa: San Fernando y San Agustín. Dos lugares en los que dos maravillosas dolorosas, la Virgen de la Estrella y Nuestra Señora de las Angustias Coronada, han sido objeto de pleitesía por parte de las hermandades que les rinden culto. La Estrella en virtud del tradicional besamanos que las reglas de la Corporación de la Huerta de la Reina establecen. Las Angustias para presidir el Triduo de los Dolores Gloriosos.
En el hogar de la Cofradía del Lunes Santo la bellísima dolorosa de Juan Ventura ha lucido un espectacular encaje de Bruselas y otro de aguja con refregado de tul de oro a modo de velo egipcio en zig zag. Todo ello como punto culminante a un conjunto configurado por la saya bordada por Francisco Pérez Artés, sobre dibujo de los Hermanos Delgado, la toca sobremanto realizada de cartulina procedente de una antigua capa pluvial ejecutada por Mercedes Castro, el manto de tisú de plata confeccionado por las camareras de la hermandad, la magnífica corona que para Ella labrara el orfebre Manuel Valera, sobre diseño de Julio Ferreira y el puñal realizado por Jesús Amaro. Para completar el conjunto la Virgen ha lucido una espectacular joya en forma de flor de lis, así como un magnífico broche y sendas estrellas de oro y plata dispuestas en el pecho. Finalmente, Jiménez ha dispuesto en el nudete del fajín una roseta a modo de estrella. En la mano la dolorosa ha lucido un precioso rosario realizado en jade de tonos celestes montado en filigrana de plata de principios del siglo pasado.
En el otro rincón de la ciudad, en el que el tiempo se ha detenido para postrarse ante la mirada doliente de la Virgen María, la Virgen de las Angustias ha lucido un antigua saya que vistió con motivo de la coronación canónica, complementando una impresionante toca de encaje del siglo pasado bordada en hilo de seda y oro culminada con perlas y nacarinas, y el manto de terciopelo rojo coral de seda que fue confeccionado en la década de los 60 del siglo XX. Una pieza que habitualmente viste la maravillosa dolorosa del inmortal Juan de Mesa con motivo de la festividad del Corpus pero que en esta ocasión ha sido utilizada por Jiménez para potenciar aún más si cabe la infinita belleza de la Virgen de las Angustias, que luce sobre sus sienes la espectacular corona de la coronación y sobre su pecho el corazón de los siete puñales. Por último, y como un detalle simbólico más, la Virgen lleva la espina en lugar de la azucena que habitualmente porta.
Dos joyas dispuestas de manera sublime por obra y gracia de uno de los vestidores insustituibles del panorama contemporáneo. Dos maneras de entender la iconografía de la Madre de Dios y dos formas diversas de ataviar a dos bellezas inconfundibles que dan cuenta de la incalculable calidad y versatilidad que brota de la sabiduría estética de Manuel Jiménez.















