Educación cofrade desde pequeños

Tras dejar atrás la Semana Santa, nos metemos de lleno en pleno fervor del mayo cordobés que comenzaba con las tan desfasadas cruces de mayo -algunas- que no debiesen llevar ni mucho menos a gala el pilar fundamental sobre el que sostiene la fiesta, osease, la cruz. Vemos como los más jóvenes se acercan a los lugares de celebración para que entre el «cocimiento» que da el alcohol y el ruido que da la música, se dejen atrás esos sentimientos cristianos de los que hace poco hacían gala.

Desconozco si antaño la cosa variaría mucho en ciertos lugares -véase Bailío o Santa Marina- pero, la vergüenza se apodera de mí cuando cofradías favorecen escenarios tan lamentables y dañinos como los que hemos podido comprobar hace apenas una semana en la que los jóvenes se tiran a ciertas plazas con el único afán de tomar el color del bogavante. 

En el otro lado de la acera tenemos a otros jóvenes a los que no hay que perder de vista, y a los que hay que cuidar y formar. Se trata de los que cada año se meten debajo de las trabajaderas de los pasos que pasean la cruz con el verdadero sentido cristiano, y con el buen hacer de los que ven en ella mucho más que un simple elemento decorativo alrededor del cual muchos vomitan física y figuradamente. Hay que hacerles ver que el protagonismo no lo dan costales coloridos, pantalones remangados hasta las rodillas o costales a la altura de la punta de la nariz, el protagonismo más bonito, lo da el verdadero conocimiento, de las cosas bien hechas.