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¿Ego o responsabilidad?

Posiblemente han reparado o leído alguna vez algo acerca del término ego. Es ciertamente interesante. Ego proviene del latín y significa literalmente «yo». Es decir, hablar del ego es describir la forma de ser de cada uno, su actitud por encima de la aptitud ante la vida.

Esto ya nos da una pista de la importancia que tienen esas tres letras en la rutina personal. Pero, profundizando en la acepción de ego, se pueden encontrar dos definiciones básicas: por un lado, el ego es la conciencia o la capacidad que tiene el ser humano de percibir la realidad; y, por otro, el exceso de valoración que alguien tiene de sí misma.

Y usted, fiel lector, estará preguntando: ¿qué me quieres decir con todo esto? ¿Qué relación tiene con las hermandades?

Bien, voy al grano y lo explico claramente para que nadie se llame a error. El pasado domingo se celebraron elecciones en la Hermandad del Divino Perdón del Parque Alcosa. Se presentaba un solo candidato, lo cual da a entender que hay gran homogeneidad en la cofradía (en ella y en todas en las que se presenta una persona solamente).

El resultado de estos comicios hablaron por sí solos. El aspirante a Hermano Mayor logró la victoria, a falta de ratificación del Arzobispado, de 83 votos a favor y 61 en blanco.

Esto es, señoras y señores, la auténtica cara del ego en su segunda dimensión, la negativa, la egoísta. El voto en blanco es un derecho de los hermanos de esta cofradía y de cualquier otra, por lo tanto legítimo y respetable; pero al mismo tiempo es reprochable desde el punto de vista moral y cristiano.

Integrantes de cualquier cofradía, tengan clara una cosa de una maldita vez, porque esta falta de humanidad y solidaridad me repugna: su hermandad no es un partido político. El propio nombre lo indica: hermandad. Yo lo que veo últimamente en muchas corporaciones es rencor, odio, envidia y lucha de poder en los procesos electores. Y eso no ayuda en nada, al revés, lo complica todo.

Una persona que decide acceder al cargo de Hermano Mayor y la junta de gobierno que lo acompaña se presentan a unas elecciones por amor a su hermandad, para mejorarla y luchar por que siga viva. Después tendrá errores y aciertos, como todo el mundo; pero poner zancadillas retratadas con votos en blanco a un hombre o una mujer que dan un paso al frente por su cofradía, es verdaderamente triste.

Estas «pandillitas» de votantes en blanco se creen los dueños del corral y beben del ego, del egoísmo más puro en lugar de ser conscientes y responsables de su papel en la corporación, que es esencialmente servir y ayudar.

¿Están ustedes en contra del candidato a Hermano Mayor, de su Junta o de alguno de los puntos del programa de gobierno? Perfecto. Preséntense frente a él en los comicios. Den un paso al frente y mídanse en las urnas.

No, claro. Es mucho mejor dejar en mal lugar a la hermandad y a todos los que trabajan por ella con 61 votos en blanco. Vuelvo a repetir que esta estrategia es legal y factible; pero, sinceramente, para dar este espectáculo, es mejor que se queden en su casa, bien calentitos, viendo una película en cualquier plataforma digital, que tienen para aburrir.

Espero y deseo que la autoridad eclesiástica dé luz verde al resultado claro y conciso de estas votaciones, porque lo contrario sería aplaudir la actitud de estos irresponsables.

Ese es el precio del ego, que como todo en la vida tiene su parte buena y mala. El arte está en saber utilizarlo a favor del prójimo, en lugar del suyo propio. Somos ante todo cristianos. No lo olviden, y actúen en consecuencia.

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