El alcalde de Sevilla señala al visitante como origen de los problemas en la bulla de la Semana Santa: «El señor que viene de Pamplona y va con el Google Maps en la calle Mateo Gago buscando la calle Fabiola, ese es el que va obstaculizando el flujo natural»

La Cuaresma sevillana volvió a ofrecer uno de sus espacios de reflexión más reconocibles con una nueva sesión de Diálogos de Cuaresma, una cita que volvió a desbordar expectación y público en el marco del ciclo Tramos de Cuaresma de la Fundación Cajasol. En esta ocasión, el protagonista fue el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, quien protagonizó una conversación abierta, sin guion previo, en la que se entrelazaron fe, vivencias personales, análisis de la Semana Santa contemporánea y los grandes desafíos urbanos que afronta la ciudad.

El encuentro, conducido por el periodista Carlos Navarro Antolín, permitió un recorrido pausado y profundo por las convicciones íntimas y las responsabilidades públicas del regidor, en un ambiente marcado por el silencio atento del auditorio y por una interlocución que evitó el discurso prefabricado para dar paso a la reflexión espontánea y al testimonio personal.

Un acto arropado por autoridades y representantes institucionales

La velada contó con la presencia de destacadas autoridades y responsables institucionales, entre ellos el consejero de Industria, Energía y Minas de la Junta de Andalucía, Jorge Paradela; el presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido; el delegado de Fiestas Mayores y presidente del Pleno del Ayuntamiento de Sevilla, Manuel Alés; y el presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla, Francisco Vélez, lo que subrayó la relevancia social e institucional de la cita.

La apertura corrió a cargo de la periodista Charo Padilla, quien trazó una semblanza cercana y minuciosa del invitado. Lo definió como «un trabajador incansable», con «una capacidad de trabajo brutal» y al que «no le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones». Recuperó además una de las expresiones más repetidas por Sanz, «la suerte no viene sola», y dibujó el perfil de un alcalde profundamente familiar, hermano de San Isidoro y de La Candelaria, aficionado a recorrer las obras de la ciudad en moto y heredero de una tradición culinaria doméstica que, antes de asumir la Alcaldía, cultivaba con arroces preparados con el mismo cuidado que hoy dedica a la gestión municipal.

Silencio, fe y una Semana Santa buscada desde la calle

La conversación se adentró pronto en el terreno más íntimo. Silencio y fe marcaron el inicio de un diálogo en el que el alcalde se definió como partidario de una Semana Santa recogida, al afirmar literalmente: «Yo soy más de esa Semana Santa recogida y más de silencio». Reconoció la dificultad creciente para hallar esos espacios de recogimiento, aunque precisó: «Se encuentra, hay que ir a buscarla».

Sanz se declaró cofrade de calle antes que de balcón, subrayando: «A mí me gusta estar en la calle y callado», con una única excepción cargada de simbolismo personal: el balcón de Robles, desde el que contempla la entrada de San Isidoro y, sobre todo, al Señor de las Tres Caídas, una confidencia que despertó la complicidad del público asistente.

El Gran Poder como eje espiritual

El tono de la charla se transformó al abordar la figura del Gran Poder, ante la que el alcalde expresó una convicción rotunda: «Creo que no hay otra imagen en el mundo». Confesó que ante el Señor de San Lorenzo siempre formula la misma petición, centrada en la protección y el futuro de sus hijos, y añadió: «A veces basta con mirarlo y quedarse callado delante».

Este pasaje reforzó la dimensión espiritual y emocional del encuentro, alejándolo del mero análisis institucional para situarlo en el ámbito de la vivencia personal de la fe.

El visitante como factor de alteración en la bulla

Uno de los momentos más incisivos de la tertulia llegó al abordar la Semana Santa actual y sus multitudes. El alcalde contextualizó el fenómeno en el escenario posterior a la pandemia, afirmando: «La gente decidió que lo más importante era vivir y aprovechar un poquito lo que nos quede». En este marco, fue categórico al señalar que no es el sevillano quien rompe el equilibrio de la bulla, sino el visitante que desconoce los códigos propios de la ciudad: «El señor que viene de Pamplona y va con el Google Maps en la calle Mateo Gago buscando la calle Fabiola, ese es el que va obstaculizando el flujo natural».

Esta reflexión sirvió para introducir una crítica directa a determinadas medidas de control. Sobre las vallas policiales, admitió que en algunos puntos «ni tienen sentido y son hasta peligrosas porque crean tapones». En la misma línea, confirmó la continuidad de la prohibición de sillas en los denominados puntos rojos, como la calle Pureza, donde las hileras de asientos se convierten «en un auténtico peligro».

Hostelería, turismo y financiación de la ciudad

El análisis se extendió al papel de la hostelería, sector que, según el alcalde, sufre una estigmatización excesiva. Fue tajante al afirmar: «Se criminaliza en exceso a la hostelería», y anunció su voluntad de «seguir suavizando y aligerando» las restricciones existentes.

El turismo ocupó otro de los ejes centrales de la conversación. Sanz defendió que Sevilla, con 3,7 millones de visitantes anuales y un patrimonio «único en España y uno de los más importantes de Europa», necesita «fórmulas de financiación extraordinaria». En este contexto, aseguró: «Va a llegar el tema de la tasa turística sí o sí», ilustrando su planteamiento con un ejemplo concreto: «Si cobramos 3 euros a cada visitante de fuera de Sevilla que quiere entrar en la Plaza de España a hacerse un selfi, estaría mucho mejor mantenida, mucho mejor vigilada y mucho más controlada», citando como referencia el caso de la Fontana de Trevi en Roma.

Una ciudad preparada para cualquier desafío

Al ser interrogado sobre la capacidad de Sevilla para acoger grandes acontecimientos, el alcalde evocó palabras pronunciadas en 1992 ante la coincidencia de Expo, Semana Santa y Feria, haciéndolas suyas al afirmar: «Es una ciudad que ha demostrado que tiene capacidad para organizar cualquier cosa, cualquier cosa. Y lo que venga».

La emoción de un Martes Santo en silencio

La tertulia alcanzó uno de sus momentos más emotivos al recordar el Martes Santo de 2020. Sanz relató, con la voz contenida, cómo recorría las calles desiertas de Tomares escuchando la radio cuando sonó la entrada de La Candelaria: «Tomares desierto, una ciudad fantasma. Tuve que parar el coche porque me eché a llorar como si fuera un niño chico. No podía conducir de la emoción».

Un formato que revela a la persona tras el cargo

La sesión concluyó reafirmando el valor de Diálogos de Cuaresma como un espacio que desactiva los discursos ensayados y permite que emerja la persona que hay detrás del cargo. Una hora de conversación que volvió a confirmar esta cita como una de las más esperadas del ciclo Tramos de Cuaresma en la Fundación Cajasol, donde Sevilla se piensa a sí misma desde la fe, la memoria y los retos de su presente.