El Capirote, Sevilla, 💙 Opinión

El análisis: la Semana Santa de los recuerdos

Como los velos cubrieron los cuerpos de los crucificados así la nostalgia dibujó una semana inédita. Fue la primera vez en generaciones que las imágenes no salían al encuentro con el pueblo sino que era este el que apostado en las puertas esperaba impaciente admirar el rostro de los sagrados titulares.

El comportamiento

Colas interminables donde en ocasiones no se guardaba la distancia de seguridad pertinente. Las hermandades demostraron estar a la altura pero no el pueblo. O al menos parte del mismo, cuyo segmento se dividía entre quienes se colgaban la medalla para entrar antes y los que aprovechaban los despistes de los presentes. Ocurrió más a menudo de lo que pensamos. La cuarta ola llama a nuestra puerta y la culpa será de los cofrades, pero no. Será de las personas que creyentes o no, del centro o la periferia, de allí o de aquí, se hayan saltado las normas. De quienes haciendo colas o no se han reunido con más de cuatro personas en el interior de los restaurantes y con más de seis en las calles, que los había.

Las corporaciones han dejado constancia de que podían señalizar, guiar, recomendar a los asistentes pero no pueden actuar más que de puertas hacia adentro. Cuando las colas daban la vuelta a varias manzanas, ¿quiénes eran pues los responsables?

 Los altares

Miraron hacia atrás las hermandades para recomponer estampas que no se vivían desde hace décadas, casi siglos. En la Esperanza de Triana, los Panaderos o la Macarena se presentó a los titulares emulando aquel deslucido 1933. La priostía del Buen Fin demostró estar por encima de la altura gracias a unos miembros que se esfuerzan para conseguir que cada cuaresma las miradas se dirijan hacia San Antonio de Padua. Y acostumbrados en los últimos años a preguntarse cuánta belleza derramarán en el interior de la iglesia conventual semanas antes de la semana mayor andábamos de tertulia en tertulia abordando qué hazaña cometerían los priostes. Reconozcámoslo: nadie pensó en tal asombro. El tema se trasladó desde la calle hasta las redes sociales ¿o fue al contrario? Pero nadie pudo negar el trabajo que había detrás, elevado al cuadrado tras conocer los detalles y al cubo después de apreciar el catecismo abierto que era. El Domingo de Resurrección la estampa volvió a ser para el recuerdo. Por su parte la Carretería y Montserrat nos revelaron la cara del Viernes Santo romántico, cuyo broche de oro fue la Soledad de San Buenaventura.

Los cultos

Quienes esperaban que los sagrarios ocupasen el lugar que deben por parte del pueblo se equivocaron. La ausencia de procesiones no se tradujo en una asistencia a los Oficios. Incluso aforadas las iglesias no se llenaron y al final el público que acudió fue el que anualmente participa en ellos haya pasos camino de la catedral o no.

Mantillas

El Jueves Santo lucieron bajo ese sol que reluce menos que el día. Las campañas que intentaron un aluvión de señoras con tal atuendo tampoco fueron las esperadas. Eso sí, las que estaban eran la elegancia personificada.

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup