El arte de Javier Sánchez de los Reyes al servicio de la Virgen de los Dolores

Hablar de Javier Sánchez de los Reyes es hacerlo sobre un diseñador de altura, sobradamente conocido dentro del mundo cofrade que tan presente lo ha tenido para acudir a él, a sabiendas de que el resultado obtenido, gracias a que la incuestionable destreza del artista, será enormemente satisfactorio.

Aunque su magnífico trabajo le ha valido un merecido prestigio y reconocimiento en el territorio andaluz, la capital cordobesa y, más en concreto, la Hermandad de los Dolores también se ha podido beneficiar de sus creaciones, pasando a engrosar la ya de por sí valiosa riqueza patrimonial de la célebre corporación del Viernes Santo.

En el mes de marzo del año 2012, el artista hacía público un encargo por parte del bordador cordobés Francisco Pérez Artés – realizado a finales de 2010 – quien le solicitaba el dibujo del bordado de una saya pensada para la veneradísima Virgen de los Dolores, trabajo que concluiría en los primeros meses de 2011. Dicho diseño debía estar inspirado en una antigua y conocida saya, actualmente desaparecida, que la Señora de Córdoba lucía en una famosa y antigua fotografía – tomada en el último tercio del siglo XIX – en la que la Santísima Virgen aparecía rodeada por algunos miembros de la orden servita.

A pesar de que el encargo obligaba a Javier Sánchez a centrarse en esa bella y enigmática saya – fechada en el primer cuarto del siglo XIX – el encargo no exigía al diseñador absoluta fidelidad, pues este le pedía a un tiempo una interpretación libre y enriquecida de aquella pieza en la que predominaba la sofisticada ornamentación vegetal y curvilínea, el resabio de estilo rocalla y las azucenas, aportando aún más armonía y delicadeza al conjunto, marcado por una visible elegancia y acorde con el estilo propio de la época en la que la saya fue confeccionada.

Todos estos rasgos fueron tomados en cuenta por Sánchez, que se esforzó por hacer una fiel reproducción de la prenda, solo que esta vez la hojarasca del diseño adquiría mayor volumen, tratando de mantener el antiguo aspecto de la predecesora y dotándola, a su vez, de mayor cuerpo y vistosidad.

También lo referente a la simbología jugaba un papel trascendental en el diseño, en el que hay destacar las antedichas azucenas que, en palabras del propio Javier Sánchez de los Reyes “hablan de la Pureza de la Virgen y su presencia en el drama del Calvario, añadiendo nosotros el versículo 2 del Cantar de los cantares: “Como azucena entre cardos” que se viene tradicionalmente vinculando a la Virgen María en el trance de la Pasión, y la cruz con el sudario, que centra la composición al igual que la antigua”. Tampoco faltaron las románticas rosas en torno a la Cruz de Soledad, empleadas especialmente en el siglo XIX para caer en el desuso poco tiempo después. El resultado fue, como pudimos comprobar, una maravillosa joya que, a diferencia de la original – de color negro – fue realizada con terciopelo morado y completada con el peto, donde se puede apreciar el tradicional y hermoso anagrama de María.

Así, la saya llegaba a la cofradía de San Jacinto para permitir a la Córdoba Cofrade contemplar a la Virgen de los Dolores ataviada con ella durante su septenario de 2012, tras un silencioso proceso de elaboración y como fruto del agradecimiento de una familia anónima y de la consiguiente donación, trayendo de algún modo al presente la saya primitiva – ahora bordada por Francisco Pérez Artés en hilo de oro, con plata, sedas de colores y piezas de diferentes tamaños – con la que incluso se ha especulado acerca de su pertenencia, llegando a barajar la posibilidad de que esta – que la Nuestra Señora de los Dolores llevó haciendo juego con el popular manto de las conchas – fuese propiedad de la congregación de hermanas servitas, establecidas entonces en el hospital, y no de la propia hermandad.

Digno de mención fue, también, el encargo que unos hermanos de la cofradía servita volvía a confiar a Sánchez en el mes de noviembre de 2013, producto, una vez más, de la donación de un grupo de hermanos de la cofradía. En esta ocasión, el encargo consistía en elaborar el diseño de un retablo cerámico que sería colocado en la parte superior y adintelada de su Casa de Hermandad, pensada para que, desde allí, pudieran iniciar los titulares de la cofradía su estación de penitencia en la jornada del Viernes Santo.

Las condiciones para tal proyecto exigían al diseñador que este tuviese tintes antiguos, que además fuese sencillo, sin excesos y que pudiese integrarse sin problema alguno en la zona, lo que requería una cierta armonía con respecto al envidiable entorno aportado por la plaza que preside el Cristo de los Faroles. Esto significaba, según el mismo Javier Sánchez que “habría que estudiar también el colorido de la cerámica, sus tonos, el fondo y la manera de representar a la imagen”.

Así las cosas, los colores se verían finalmente influidos por las tendencias imperantes en las décadas de los 20 y los 30, con una clara influencia de Montalbán, Alonso Chaves y Orce y la cerámica de Nuestra Señora de los Dolores, por su parte, respondía a una “estructura clásica, casi neoclásica conformada por un enmarcamiento cuadrangular que alberga a su vez otro, donde se inscribe una hornacina con forma de venera y pequeño entablamento y paramentos compartimentados. Sobre una peana también de estética neoclásica, con guirnaldas, del mismo tono que la hornacina, se sitúa la imagen, vestida con uno de sus ternos más clásicos y emblemáticos; el del Obispo Alburquerque, que contiene atributos de la Pasión en el manto y el Cordero sobre el libro de los siete sellos en la saya”.

Atendiendo a las características del espacio destinado al deseado azulejo, Javier Sánchez tomaba la determinación de representar a la Señora en el retablo central, haciendo las veces de eje entre otros dos de menores dimensiones a fin de que “le diesen más ritmo a esa parte alta de la edificación”. Estos dos últimos serían ocupados por las representaciones del clásico Corazón traspasado por los siete puñales y el escudo asociado a la orden servita, en un guiño a la vinculación entre esta y la cofradía a lo largo del tiempo.

Al fin, el anunciado retablo cerámico, ejecutado por el ceramista Ángel Lora, quedaba dispuesto en las dependencias de la emblemática hermandad en la fecha del 17 de febrero bajo el mandato de Emilio Molina Gómez, coincidiendo con la fiesta de los Siete Santos Fundadores en una muestra más del fervor incondicional que el pueblo cordobés y los miembros de la hermandad en particular han venido profesando, incondicionalmente, a Nuestra Señora de los Dolores.