Lo vimos ayer. Mientras que los vencejos se arremolinaban en torno a san Isidoro y la luz vencía triunfante, mientras las santas alfareras llevaban consigo aires de Triana y Santa Ángela abría el cortejo en silencio, como la labor tan encomiable que las hermanas de la Cruz desarrollan durante todo el año.
La jornada del Corpus nos volvió a recordar que Dios está entre nosotros. El Santísimo Sacramento recorrió las calles. ¿Cuántos fueron a su encuentro? Los primeros pasos apenas contaron con público, el cual se disponía a buscar zonas de sombra. Gran parte eran señoras de avanzada edad. Abuelos y ancianos que se mezclaban con la nueva savia de los jóvenes, quienes preferían concentrarse en El Salvador. Sevilla había vivido la tarde anterior una jornada donde el centro de la ciudad se convertía en un hervidero entre paseantes, turistas y aquellos que se acercaban a ver los altares. El ayuntamiento cambió las bases del concurso y este dio resultado: doce escaparates, siete altares (cinco más que el año anterior) y cinco balcones. Desde el altar de San Gonzalo, en la avenida, que antes exornaban las hermandades que no procesionaban regularmente, hasta la vuelta de aquellas que no estuvieron el año pasado, como San Isidoro o las Siete Palabras, sin olvidarnos de Pasión o El Amor, entre otros. Sin embargo, la mañana de ayer volvía a presentarse ante nosotros con escaso público. Si el año pasado el tema era el de la reducción de la presencia de la corporación municipal, este quedaba olvidado ya frente al debate con el que todos comulgamos año tras año. ¿Qué hacemos con el Corpus?
Casi 4 000 personas en un cortejo tedioso, aburrido hasta los tuétanos. Nadie quiere limitar el número de componentes pero, de seguir así, nos presentaríamos ante una procesión con más integrantes que asistentes. Este río no parece cesar sino todo lo contrario. Al margen de este debate, el de si algunas de las personas saben realmente a lo que van. Saludos y selfies por doquier. El comportamiento ejemplar de algunos entremezclado con el que va para lucirse porque el postureo se ha convertido en su modus operandi.
Y después tenemos el tema de los pasos. Ocho, que se convirtieron en nueve desde que, por expreso deseo de Amigo Vallejo, saliera Santa Ángela de la Cruz a partir de 2009. Algunos opinan que lo mejor sería incluir más santos en el recorrido, como San Hermenegildo o San Laureano. Otros incluso defendían hace años la inclusión en el cortejo del paso de la Sagrada Cena. No siempre este cortejo ha estado siempre representado por los mismos santos. Incluso décadas anteriores no era extraño ver desfilar imágenes puntualmente dentro del mismo (en 1925, por ejemplo, salió la virgen de las Maravillas, imagen perdida en la contienda civil). Por otra parte, están aquellos que prefieren reducir el número de pasos.
Por si fuera poco, también está abierto el debate de la jornada. Por primera vez en siete siglos, el Papa celebrará el Roma este año la festividad del Cuerpo de Cristo en domingo. Basta un titular para que algunos vayan posicionándose a favor de que aquí también suceda así. Sin embargo, esto podría provocar varios escenarios, como el de una bajada de público porque algunos preferirían acercarse a Triana o la Magdalena. Entonces, ¿sería solo la procesión del Corpus de la Catedral la única que se celebraría pasando todas las demás al domingo siguiente? La controversia entra en acción. También están los que hablan de las altas temperaturas, como si no fuera lo normal en estos tiempos (aunque esto es una cosa y, una alerta amarilla a mitad de junio sea otra). ¿Una celebración vespertina? Aquel Corpus pretérito que se llevó a cabo por la tarde dio cerrojazo al cambio tras no cumplirse las expectativas.
Los debates suelen abundar, aunque sean olvidados y retomados el próximo año, por las fechas de la festividad. Polémicas y disputas aparte, la respuesta es sencilla: sobran representaciones, sobran en exceso. No es comprensible observar cómo empiezan a recogerse los primeros pasos mientras no se ha terminado de salir de la catedral. Tampoco se entiende a aquellos que han finalizado su discurrir y, a modo de lanza, traspasan con las varas el goteo incesante de personas que todavía continúan desfilando por las calles del centro.
Y así sucede año tras año. Abordamos diversas realidades, enfrentamos puntos de vista distintos y buscamos un lugar próximo donde cobijarnos. Mientras, al fondo, el sol avanza, la plata refulge y el cuerpo de Cristo se pierde en el interior del templo. El Camino, la Verdad y la Vida.





