El Baratillo llora a Fernando José Ortega Martel, referente cofrade y taurino de Sevilla

El barrio del Arenal llora la pérdida de Fernando José Ortega Martel, figura entrañable y profundamente enraizada en las tradiciones más señeras de Sevilla. En las últimas horas ha fallecido este sevillano ejemplar, cuya vida estuvo marcada por una firme vocación cofrade, una pasión desbordada por el mundo del toro y una entrega generosa a sus devociones y amistades.

Hermano del Baratillo desde hace más de siete décadas, su fidelidad a la corporación del Miércoles Santo fue reconocida el pasado 9 de marzo, durante la Función Principal de Instituto celebrada en la iglesia del Señor San Jorge, donde recibió la distinción conmemorativa por sus 75 años de pertenencia ininterrumpida. Este acto, cargado de simbolismo y emoción, testimonió no solo su longevidad como hermano, sino también su incansable compromiso con la vida interna de la hermandad, a la que dedicó alma y corazón.

Vecino del Postigo, su vinculación con el entorno inmediato se reflejaba también en su cercanía a la Hermandad de la Pura y Limpia Concepción, en cuya capilla hallaba recogimiento y fe. La devoción mariana que marcaba su existencia encontraba igualmente cauce en la Hermandad del Rocío de Triana, a la que acompañaba en cada Romería con entusiasmo juvenil y fervor rociero.

Aficionado taurino de raza, fue decano de los abonados de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, templo de su otra gran pasión: la tauromaquia. Su vinculación con el coso del Baratillo iba más allá del tendido; desde los años cincuenta, cuando comenzó a participar en tentaderos en La Pañoleta, seguía con admiración constante la carrera de Curro Romero, de quien fue fervoroso partidario.

Hombre de hospitalidad sevillana, su casa fue durante años punto de encuentro y antesala del Pregón de Semana Santa, donde acogía con calidez al pregonero en la mañana de su gran día, ofreciendo un desayuno que pronto se tornó tradición, cargado de anécdotas, afectos y emoción contenida.

Fernando José Ortega Martel, hombre de fe, de costumbres y de palabra leal, deja un vacío profundo en los corazones de quienes lo conocieron. Sevilla, su gente y sus devociones pierden a uno de sus hijos más fieles. Que el Señor del Baratillo lo acoja en su Reino y la Virgen de la Caridad lo cubra con su manto eterno.