La pieza, procedente del taller de Ramos Rejano y atribuida al ceramista Alfonso Córdoba, reproduce fielmente el célebre retablo cerámico de la Magdalena
La Hermandad del Calvario de Sevilla ha incorporado recientemente a su patrimonio una importante obra cerámica de mediados del siglo XX, que representa al Santísimo Cristo del Calvario y constituye un testimonio artístico de gran valor devocional e histórico. La pieza, ejecutada en los años 40 por el ceramista Alfonso Córdoba, fue realizada en el taller de Pedro Navia, el mismo enclave donde se confeccionó el reconocido retablo cerámico del Cristo que desde hace décadas preside la fachada principal de la parroquia de Santa María Magdalena.
Un hallazgo con historia: de Sanlúcar a la Hermandad
El azulejo forma parte de un conjunto de piezas producidas por el insigne taller trianero de Ramos Rejano, y presenta un diseño prácticamente idéntico al mencionado retablo cerámico, tanto en su composición iconográfica como en los recursos cromáticos empleados. Durante décadas, esta obra ha permanecido conservada en un domicilio particular en Sanlúcar de Barrameda, donde fue resguardada con especial esmero por sus propietarios.
Ahora, gracias a las gestiones patrimoniales llevadas a cabo por la corporación, la pieza ha podido regresar a Sevilla para integrarse en los fondos artísticos y documentales de la casa de hermandad del Calvario, donde será preservada con el mismo cuidado que caracteriza al rico acervo devocional de la cofradía.

Una cerámica que une arte, fe y memoria
La adquisición de este singular azulejo no solo supone un enriquecimiento patrimonial, sino también un acto de reencuentro con las raíces iconográficas de la Hermandad, pues se trata de una imagen ampliamente difundida en la devoción popular sevillana del siglo XX. Su autoría, atribuida a Alfonso Córdoba —nombre ligado a los talleres de Pedro Navia y a la gran tradición cerámica trianera—, reafirma el prestigio artístico de esta escuela en la producción de elementos devocionales para el espacio urbano.
Con esta incorporación, la Hermandad del Calvario recupera una pieza de su pasado, cargada de simbolismo, que vuelve a Sevilla no solo como objeto de contemplación, sino como memoria viva de la fe depositada por generaciones de devotos en la sagrada efigie del Cristo del Calvario.





