El candelabro | ¿Extraordinarias de verdad?

Octubre llega a Córdoba con tres procesiones extraordinarias. Tres salidas que, a partir de mañana, 3 de Octubre, llevarán a nuestras calles a San Francisco de Asís, a María Santísima Reina de Nuestra Alegría y a Nuestra Señora de la Merced.

Tres citas importantes para sus respectivas hermandades y congregaciones religiosas, pero que, en mi opinión, no tienen todas el mismo motivo ni, por tanto, el mismo sentido.

La primera de ellas será la de San Francisco de Asís, con motivo del 800.º aniversario de su tránsito, es decir, de los ocho siglos transcurridos desde la muerte del santo. Una efeméride verdaderamente excepcional que, además, permitirá reunir a la comunidad franciscana de Córdoba. 

No estamos hablando simplemente de celebrar un aniversario más, sino de conmemorar ocho siglos desde la muerte de una figura fundamental para la Iglesia y el nacimiento de un estilo de vida como es el Franciscano.

Y hay otro elemento que marca la diferencia: San Francisco acudirá a la Santa Iglesia Catedral, el primer templo de la diócesis. Su salida tiene así un claro sentido de peregrinación, de encuentro y de celebración religiosa de toda la familia franciscana y celebrar lo más grande que tiene el cristiano, la Eucaristía, en el altar mayor de la Santa Iglesia Catedral. Por lo que hay una razón extraordinaria de peso y hay un destino que está a la altura de esa razón.

La cuestión cambia cuando hablamos de las otras dos salidas.

La Virgen de la Alegría, de la Hermandad del Resucitado, saldrá con motivo del 75.º aniversario de la bendición de su imagen. Y la Virgen de la Merced, del barrio del Zumbacón, lo hará para conmemorar el 50.º aniversario de la bendición de su imagen.

No cabe duda de que ambos aniversarios son importantes para sus respectivas hermandades. Setenta y cinco años de historia de una devoción y cincuenta años de otra son fechas que deben celebrarse y que tienen un enorme valor sentimental para los hermanos que han crecido junto a esas imágenes.

Pero ¿son motivo suficiente para una procesión extraordinaria?

Personalmente, creo que no. Y aquí es donde aparece el verdadero debate. Porque si hemos decidido que una procesión extraordinaria debe ser, por definición, algo excepcional, quizá deberíamos reservarla para efemérides que tengan realmente ese carácter.

Un 50.º aniversario o un 75.º aniversario son aniversarios importantes, sí. Pero si hemos llegado al punto de considerar extraordinaria prácticamente cualquier cifra redonda, corremos el riesgo de que la propia palabra “extraordinaria” termine perdiendo su significado. Y lo extraordinario se convierta en ordinario.

Y hay otro aspecto que, a mi juicio, merece ser señalado. Mientras San Francisco peregrinará hasta la Catedral, las otras dos salidas tienen como uno de sus puntos destacados el Ayuntamiento de Córdoba, donde recibirán un reconocimiento institucional. En el caso de la Virgen de la Merced, está prevista además la entrega del Escudo de la ciudad.

Y aquí surge una pregunta inevitable: ¿estamos ante una auténtica procesión extraordinaria con un marcado sentido religioso o ante una peregrinación al Ayuntamiento para recibir una medalla, un escudo o un reconocimiento?

No se trata de menospreciar el valor que pueda tener el reconocimiento de la ciudad. Una institución municipal puede y debe reconocer aquellas devociones que forman parte de la historia de Córdoba. Pero una cosa es un acto institucional y otra, una procesión extraordinaria. Y quizá convendría no confundir ambas cosas.

Para celebrar un 50.º o un 75.º aniversario existen muchas otras posibilidades: cultos extraordinarios, exposiciones, conferencias, actos culturales o cualquier otra iniciativa que permita poner en valor la historia de una hermandad sin necesidad de poner un paso en la calle.

Porque tampoco se trata de negar la importancia de la Virgen de la Alegría o de la Virgen de la Merced. Se trata, precisamente, de defender el significado de una procesión extraordinaria. Si todo puede ser extraordinario, entonces nada termina siéndolo.

800 años del tránsito de San Francisco de Asís. 75 años de la bendición de la Virgen de la Alegría. 50 años de la bendición de la Virgen de la Merced. Tres efemérides diferentes y, por tanto, tres motivos que merecen ser puestos en la balanza.

Para mí, la diferencia está precisamente ahí. Ocho siglos de historia y una celebración que reúne a toda una comunidad franciscana y culmina en la Catedral tienen un carácter difícilmente comparable con el aniversario de la bendición de una imagen, por importante que sea para su hermandad.

Quizá la pregunta que deberíamos hacernos no sea cuántas extraordinarias queremos tener, sino qué acontecimientos merecen realmente ser extraordinarios.

Porque una extraordinaria debería ser algo más que salir a la calle. Debería ser, de verdad, eso que su mismo nombre indica, algo extraordinario.

Hasta la próxima.

Mientras tanto, seguiremos mirando nuestras Cofradías desde la luz de la Cera.