El capirote | Balones fuera

Suele suceder. Y en multitud de ocasiones. Cuando vemos las orejas al lobo solo tenemos dos caminos. O enfrentarnos o mirar para otro lado. Hay a quienes les sucede como los avestruces, que acaban enterrando su testa en la tierra imaginando que no hay ningún problema y al final no acaban sacándola de allí porque acaban siendo devoradas.

La cuestión sobre el boom de las bandas de música nos llega por todos lados. Y ahora que abrimos los ojos nos damos cuenta de que puede acabar convirtiéndose en algo más que un problema. ¿Cuántas cofradías han sufrido un aumento tras conocerse que una u otra formación musical va detrás de un paso? Ni qué decir tiene que el Cristo de las Aguas lleva ahora una legión de seguidores como algunos no recordábamos en décadas.

Ahora no se va a ver una cofradía por la devoción que despierten los titulares o el misterio que se representa. No sé sabe ya si anda bien o mal, e incluso se llega a desconocer la advocación. Ahora se va a ver a Virgen de los Reyes, Rosario de Cádiz o Pasión de Linares. Y da igual todo lo demás. Hay quien culpa de ello a las redes sociales, pero estas lo único que hacen es servir de altavoz a lo que acontece.

¿Y qué es lo que sucede y tiene su eco en las redes sociales que, dicho sea de paso, son una taberna de barrio con multitud de público? Pues programas como El Llamador, haciendo ránquines de marchas, programas de televisión como Al Cielo de 101tv que dedican sus contenidos -algunos monográficos- a las bandas de música, fragmentos de otros que se suben a las redes recogiendo el momento exacto en el que algún comentario puede encender el ánimo de quienes lo vean buscando reacciones y el boca a boca, noticias clickbait llenas de informaciones sensacionalistas de bandas, exacerbada publicidad de las mismas, ¿recordamos López de Paz su énfasis en que El Cachorro cambiara de banda? Y así, otros tantos ejemplos más donde la música -a la que algunos denominan secundaria- acabó por erigirse como protagonista indiscutible en este terreno que es el de la Semana Santa. Dejemos de echar balones fuera y entonemos el mea culpa, que uno no mengua al reconocer los errores propios.