Huele a feria cuando vas a san Judas Tadeo y te encuentras el templo cerrado. O, si como hermano, vas a realizar unas gestiones y te dan con la puerta en las narices. Si la Semana Santa paraliza la ciudad, la feria paraliza el mundo de las hermandades.
Los templos, lugares de oración y adoración deben permitir que los fieles tengan acceso a los mismos. Al menos es lo que debería ser, sobre todo en la ciudad que presume tanto de su Semana Santa y del riquísimo patrimonio que la catapulta al primer nivel, entre el que se encuentran sus sagradas imágenes.
Sabemos que hay templos cuya apertura favorece la afluencia de los devotos. No hay más que ojear el tiempo que permanecen abiertos aquellos que acogen a las imágenes más devocionales. En el lado opuesto nos podemos ir a iglesias que abren unas cuantas horas, como es el caso de las situadas en Bustos Tavera o en calle Águilas. Curioso, un turista me preguntaba la semana pasada por el horario de ambas, no entendiendo su exigüidad. ¡Ay!, si se hubiera acercado estos días a la capital.
Las señales que vivimos esta semana, con templos que suprimen hasta misas para que el personal acuda al recinto a empaparse de rebujito (lo que viene siendo una feria) es otra señal de la decadencia de la Iglesia en Sevilla. Porque mientras que anunciamos por las redes la reducción de misas o el cierre de templos, la evangélica no cierra ni un día. ¿O han visto alguna de ellas avisando de tales reducciones? Mantener los templos abiertos promueve que los sacerdotes puedan facilitar el apoyo de quien así lo desee, sirviendo de guía a quienes buscan orientación o consuelo. Parece que durante esta semana aquello que puede ser tildado de superficial, algo tan trascendental para la vida del creyente, acaba pasando a un segundo plano.
Obviamente se paralizan los talleres que se imparten por parte de algunas corporaciones ¡y hasta las obras sociales! Viva el servicio comunitario, pero no cuando la feria arrolla aquellos pilares que repetimos como papagayos cuando nos postulamos como hermano mayor y comenzamos a hacer campaña.
Un año más, la feria nos ha vuelto a revelar una imagen para la mayoría desconocidos, pero que sufren quienes acuden a sus citas ineludibles y vuelven a reencontrarse con el anuncio, otra vez, de que se cierra porque el real parece ser que está por encima de casi todas las cosas.





