La crónica | Córdoba y San Rafael, un juramento para la eternidad

El custodio procesionó este sábado por algunas de las calles con más historia de la ciudad

Casi en cada esquina de la Córdoba histórica se puede encontrar una referencia San Rafael, en un triunfo, una espadaña o un retablo cerámico. El Arcángel es algo más que un protector, silente, de su ciudad, es parte del alma misma de la urbe, de su tradición hecha costumbre, de su fe y por ende de su religiosidad, de una cultura que va más allá de los convencionalismos y en consecuencia las modas. 

Y, bajo esa premisa, la portentosa imagen de Gómez de Sandoval procesionó este sábado. Y lo hizo conjugando el perfume languideciente del corte con toques de romanticismo de la estampa que forman el arcángel y su paso, y la potencia sola de la talla que llena cada lugar por donde transita. 

Habrá quien eche en falta que la procesión sea en octubre, en el día solo para Córdoba dispensado y no le faltará razón. Pero cada mayo se conmemora el juramento de San Rafael al Padre Roelas y es entonces cuando el custodio cruza el umbral de su templo y arropa con su presencia a los devotos que le ruegan solo eso, que los cuide. 

Y ese mimo se vio en la cuadrilla que dirigió con maestría Ángel Carrero. Unos costaleros que llevan sobre la cerviz el peso del oficio, del buen hacer que se disfrutó en cada chicotá, siendo garantes del más ínfimo de los detalles. Lo mejor para el custodio, como el selecto repertorio escogido por la banda de La Esperanza para la ocasión. La formación musical siempre es la apropiada para dar el toque de seriedad. 

Y así, por Arroyo de San Rafael y la plaza de San Lorenzo, por Santa María de Gracia y el Realejo, por San Andrés, y Capitulares, por Rodríguez Marín y por Corredera, por la Almagra y Escultor Juan de Mesa, o por Fernán Pérez de Oliva se pudo paladear el viaje a otro tiempo, a otra ciudad, con la certeza de que el juramento que San Rafael le hizo al Padre Roelas es eterno, como el amor de la ciudad a su custodio.