El capirote | De la utilización de las imágenes

La religión encontró en la iconografía un medio potentísimo para adoctrinar a los fieles. Una vía que se abandonó en otras partes por donde se extiende el catolicismo, pero que aquí conservamos como nuestro tesoro más preciado.

Desde aquella afirmación del Papa Gregorio Magno, manifestando que las imágenes eran la Biblia de quienes no sabían leer hasta 2024 han pasado tantos acontecimientos que sería imposible resumirlos en un breve espacio. Las imágenes son para la Iglesia el medio difusor idóneo para atraer al creyente. Durante la Contrarreforma se rescató la figura de María Magdalena, a quien el anterior prelado citado confundió con la pecadora anónima del evangelio lucano y la mostró como emblema de la penitencia, que tanto negaban los partidarios de Lutero.

Aquí hay que enmarcar también el impulso a la devoción mariana. Crecimiento inusitado de Inmaculadas para los templos, siguiendo el ejemplo pictórico instaurado por Murillo. También aquí asistimos a la consolidación del Santísimo Sacramento como elemento central de la eucaristía. Y qué decir tiene la proliferación de hermandades y cofradías para poblar las calles y mover al devoto.

Los ejemplos se cuentan por cientos: san Juan Nepomuceno como símbolo de la confesión, san José como prototipo de ser humano obediente a las directrices de Dios o santa Teresa como representante de la nación española. Y en pleno siglo XXI asistimos nuevamente a una nueva potenciación de la santa de Magdala, como apóstol de los apóstoles, para enfatizar la presencia femenina en unos tiempos donde está en boga el empoderamiento de la mujer.

Así pues, las representaciones sagradas han servido eficazmente para cristalizar las intenciones de la Iglesia. E incluso han obtenido por parte de la curia importantes rangos. Sobre la coronación canónica de la Amargura basta decir la devoción que le profesaba el arzobispo de turno, hecho no tan extraño si miramos las últimas coronaciones y acabamos descubriendo algún que otro diácono muy devoto de otras imágenes marianas coronadas.

Entonces, ¿dónde está ahora el revuelo alcanzado? Quizá, en la sobredimensión que se está haciendo del uso de las representaciones existentes. Recuerdo la procesión de la Virgen de las Angustias de Los Gitanos con motivo del congreso celebrado en Sevilla. ¿O era un movimiento para demostrar al pueblo caló cómo se siente la fe en la ciudad intentando captar el interés de un sector de los gitanos que siente mayor afinidad con la iglesia evangélica?

Conocemos el traslado de la Esperanza de Triana o de la Pastora de Santa Marina a barriadas alejadas del centro. ¿Van a la periferia a evangelizar? Porque resuenan en la mente cada vez de más creyentes si esta no será una dinámica implantada para atraer a los partidarios de la institución evangélica que, dicho sea de paso, nos están comiendo la tostada empezando precisamente por los bordes. ¿Este es el instrumento del arzobispado para poner frene a una creciente comunidad? ¿Acaso no se han planteado otras variables, como por ejemplo, hacer de esta una iglesia más próxima a los problemas cotidianos? En la otra parte, los creyentes que comenzamos a hartarnos de tanta extraordinaria, sobre todo si se reviste de la tan manida proclama de que van a evangelizar. ¿Dónde están los frutos? ¿Alguien puede exponerlos? ¿Cuántos se hicieron hermanos de Los Gitanos viendo la procesión de la dolorosa? ¿Dónde quedaron reflejadas sus pretensiones? Y dicho sea de paso, ¿con este movimiento pretenden que se adquiera una mayor influencia en la ciudad? Porque luego en Cuaresma uno va a los templos y hasta hay funciones extraordinarias donde la presencia de hermanos que forman parte de la nómina es más bien exigua.