El capirote | De la vulgaridad a la excelencia

Todavía resuena aquella sentencia emitida por el Daily Mail, periódico británico, cuando tildó a la capital de Andalucía como una ciudad vulgar. Esta fue tan solo una de las perlas que dejó para la posteridad, manifestando también que era muy turística y que no tenía nada fuera de lo común.

Tres opiniones que no pasaron desapercibidas y que provocaron que aquí se pusiera el grito al cielo. No le falta razón si observamos de cerca cómo es la ciudad, y para ello nada mejor que verlo en su cotidianidad. Tenemos a Bécquer, Machado, Cernuda… Hoy en día la referencia es la madre de Paco León, que representa un alto porcentaje de sevillanía, aunque le pese a algunos.

Sobre la vulgaridad de la ciudad hay mucho escrito. No confundir con la suciedad que se amontona en los barrios. O la que dejan los señoritos de las sillas cuando Lipasam tiene que limpiar Sierpes y la Campana. Esa también es Sevilla, mal que le pese a algunos. La cera, que debería ser la piel de la ciudad durante nuestra celebración más universal deja paso a pañales, botellas, papel de aluminio y servilletas. Todo aderezado con bolsas, pañuelos… Todo un festín para las ratas. Y si le sumamos el olor a orín nos queda un escenario idóneo no para nombrarla vulgar sino sucia como la que más.

Sobre la turistificación poco hay que añadir. Darse una vuelta por el centro, invadido por extranjeros, colmatado de franquicias que despojaron de identidad la ciudad. Porque la Sevilla de ahora nada tiene que ver con la que vivieron nuestros abuelos. Los comercios tradicionales dejaron paso a cadenas de comida rápida que te cobran un ojo de la cara por una carne que puede permanecer semanas incorruptible. Y el doble rasero que no se olvide. Periodistas utilizando sus páginas para arremeter contra la llegada de forasteros mientras tienen pisos turísticos repartidos por el centro.

Sin embargo, Nick Ede, quien firmó el reportaje del rotativo inglés donde mostró, según él —y muchos— la cara de Sevilla, no debe conocer las tradiciones de la ciudad. Las salidas extraordinarias se han multiplicado tanto que ya forman parte de las costumbres sevillanas. Y qué mejor manera que la Magna del 8 de diciembre para que el periodista vea cómo aquí la excelencia prima, aunque sea en momentos puntuales. ¡Queda usted invitado!