Cada 8 de diciembre uno vuelve a reencontrarse con el mayor número de besamanos de todo el año. Sevilla es un canto a la Inmaculada presente en cada esquina a la espera de ver cruzar un nazareno blanco de la Amargura. Pero antes de que llegue la semana más esperada, antes incluso de que las Esperanzas nos vuelvan a mostrar el camino, el puente de diciembre nos tiende nos presenta a la madre de Dios en conjunta armonía con la elegancia.
Las priostías se esmeran en superarse cada año con auténticas obras de arte efímeras. En Los Terceros la Virgen del Subterráneo estaba sublime y en San Pedro Madre de Dios de la Palma volvía a poner la nota de clasicismo a una jornada donde por fin asomaron las tan ansiadas lluvias. La Redención volvió a mostrarnos a la Virgen del Rocío en San Ildefonso y el de la Virgen del Socorro, una de nuestras joyas más desconocidas, volvió a vivirse con largas colas a la espera de poder estar junto a la dolorosa, que se situó bajo el portentoso crucificado de Mesa.
En la capilla del Dulce Nombre de Jesús volvimos a redescubrir la belleza de la Virgen de las Tristezas y en San Buenaventura la Soledad, con la impronta añeja de Grande de León –qué binomio tan perfecto– esperaba al pie de la cruz con la diadema más espectacular de cuantas posee. No escatiman las priostías en engrandecer un culto que es cita ineludible para el sevillano. Desde la sencillez de la Virgen de la Aurora de la calle Cervantes o la Concepción de la Trinidad hasta el exquisito altar del Silencio, todos vinieron a convertirse en un homenaje de amor a María.
Qué delicia en el Santo Ángel con la Virgen de la Salud y qué magnificencia en San Andrés, con la Virgen de las Penas presidiendo el templo, cosa que otras no pueden hacer por imposiciones del párroco. En la Ronda, los Negritos supieron sacarle partido a las dimensiones de la capilla montando el techo del palio, joya imperecedera de nuestra Semana Santa. Santa Cruz volvió a ser una cita con el regusto clásico, como en las Siete Palabras. Sorprendió en San Martín la Virgen de Guía acompañada por San Juan, una de las grandes obras secundarias con las que cuenta la corporación, y que celebrará su día en este mismo mes. Especialmente bellas estaban la Virgen de la Purísima Concepción, de Alcosa y la Virgen de la Divina Gracia, de Padre Pío. No faltaron las glorias, en San Antonio con la Divina Pastora, Montemayor en la Amargura o la Pastora de Santa Marina, que amaneció, como suele ser habitual, sublime. Y en la capillita del Postigo, la mirada de María Inmaculada.





