El capirote | El valor documental

La historia de nuestras cofradías la conocemos gracias a los archivos que custodian las hermandades, las referencias halladas en prensa o las evidencias encontradas en otras que han versado sobre la Semana Santa. También en aquellas que, no siendo de temática cofradiera, contienen alguna referencia, como las que abordan la historia de la ciudad, de la que no puede desligarse de ningún modo el olor a incienso.

Las fotografías también son testigos de nuestro pasado cofradiero, pero no dejan de ser documentos con un alto valor, como las grabaciones del siglo pasado de RTVE o las filmadas por medios extranjeros. Sin embargo, hay un problema cuando nos atrevemos a desempolvar viejos momentos con el fin de recuperarlos para los lectores, ya sea en artículos o diversas publicaciones. Por ejemplo, pasos que aparecen con determinadas figuras que algunos citan y otros suprimen ya, restauraciones que se atribuyen a uno u otro imaginero, precios de piezas textiles u orfebrería donde las cifras bailan.

Entonces, es el momento de acudir a las actas de cabildos y otros documentos custodiados por hermandades, porque ahí se recogen los datos más fiables que el investigador puede encontrar para completar sus futuros trabajos.  

La Hermandad del Calvario está digitalizando su archivo en una interesante iniciativa que ya podrían poner en marcha el resto de corporaciones. A través de su página web, uno puede acceder al Centro de Documentación Histórica, encontrando, entre otros, información sobre el besamanos de la dolorosa o el paso de misterio que acabó dispersándose a principios del siglo XX.

El impulso que le ha dado la corporación merece sin duda el aplauso unánime de los estudiosos sobre la Semana Santa, que no son pocos, al poder ofrecer al público interesantes datos de la hermandad. Con tal contribución, se democratiza su archivo, haciéndolo más accesible.

Por experiencia personal hay hermandades que solo permiten el acceso a la consulta a un reducido número de hermanos, de los que no hace falta añadir datos, pues son los mismos que siempre escriben sobre una única hermandad. ¿Quién puede decidir si el contenido de tales artículos no sería más interesante si se pudieran consultar por parte de otros miembros? Así, se llega al caso de que hay conocidas publicaciones que versan sobre un mismo tema cada cierto tiempo, aparecen y desaparecen como el Guadiana, para volver a inundar las revistas y boletines con refritos donde la originalidad escasea.

Por eso, la hermandad del Calvario no solamente contribuye al conocimiento de quien acceda a su página web sino que además consigue que los cientos de investigadores del mundo de las cofradías puedan hilar datos, encontrar conexiones, en definitiva, colaborar aportando un sinfín de datos más para conocer mejor el pasado de la cofradía.