El capirote | Esculpir el color, España conquista el Louvre

Hay acontecimientos culturales que trascienden el ámbito de una exposición artística para convertirse en auténticas reivindicaciones de la historia y la identidad de un país. La llegada de Esculpir el color. Obras maestras del Museo Nacional de Escultura de Valladolid al Museo del Louvre de París constituye, precisamente, uno de esos acontecimientos. Que una selección de nuestro patrimonio escultórico encuentre acomodo en uno de los museos más prestigiosos y visitados del mundo supone un motivo de orgullo para España y, especialmente, para la historia del arte español.

La muestra representa una oportunidad extraordinaria para dar a conocer internacionalmente una de las características más singulares de nuestra tradición escultórica: la policromía. Frente a la idea, todavía demasiado extendida, de que la escultura debe entenderse exclusivamente a través de sus volúmenes y materiales, las obras españolas nos recuerdan que el color también forma parte esencial de su concepción artística. La madera tallada, los pigmentos, los dorados y los detalles minuciosos de la ornamentación convierten estas piezas en creaciones de una expresividad extraordinaria. No estamos, por tanto, ante simples esculturas coloreadas, sino ante auténticas obras de arte en las que pintura y escultura dialogan hasta fundirse en un mismo lenguaje.

Que el Louvre abra sus puertas a estas obras supone, además, un reconocimiento internacional a la riqueza de las colecciones españolas y al trabajo de conservación, investigación y difusión desarrollado por el Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Durante demasiado tiempo, buena parte de nuestro patrimonio ha permanecido circunscrito a nuestras fronteras, sin alcanzar la proyección internacional que merece. Por eso, esta exposición contribuye a situar la escultura española en el lugar que le corresponde dentro de la historia universal del arte. También permite recordar que España no solo atesora grandes nombres de la pintura, sino que posee una tradición escultórica de primer orden.

En definitiva, Esculpir el color no es únicamente una exposición de obras maestras: es una ventana abierta al mundo para mostrar la extraordinaria sensibilidad artística que atesora nuestro país. Que París contemple estas esculturas significa que una parte de nuestra historia, de nuestra cultura y de nuestra identidad viaja hasta el corazón de Europa. Conviene, por tanto, que los españoles valoremos y protejamos un patrimonio que, en ocasiones, no sabemos apreciar suficientemente. Porque si nuestras obras son capaces de deslumbrar en el Louvre, también deberían hacernos reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos de conservarlas, estudiarlas y transmitirlas a las generaciones futuras.