La revirá | Una Agrupación transparente

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Este lunes, la Agrupación de Cofradías de Córdoba ofreció una demostración tan sencilla como elocuente de que las cosas pueden hacerse bien, incluso muy bien, cuando se comprende que la información pertenece también a quienes tienen derecho a conocerla. La difusión entre los medios de comunicación del orden de paso cerrado para la Semana Santa de 2027, aun quedando determinados detalles pendientes de concreción en las próximas semanas, constituye una decisión que merece reconocimiento y aplauso. Por ello, procede trasladar la enhorabuena a la institución y a quienes han intervenido en esta decisión, por facilitar que la información llegue a los medios con claridad y diligencia. No por tratarse de una iniciativa extraordinaria, sino precisamente porque debería formar parte de la normalidad institucional. Comunicar con rigor, anticipación y transparencia no es una concesión ni un gesto de generosidad; es una obligación inherente a la responsabilidad de representar a un colectivo tan amplio y relevante como el de las hermandades cordobesas.

Durante demasiado tiempo, determinados asuntos relacionados con la organización de la Semana Santa han parecido revestidos de una solemnidad casi clandestina, como si su conocimiento estuviera reservado a una reducida comunidad de iniciados. A veces, la información se administra con una cautela que no siempre encuentra justificación, se demora innecesariamente o se presenta envuelta en un halo de misterio que termina alimentando rumores, especulaciones y versiones contradictorias. Y, claro, así terminan produciéndose las filtraciones. No estamos hablando del anillo de Sauron, ni de un secreto cuya revelación pudiera desencadenar el fin de la Tierra Media. Estamos hablando de un orden de paso, de una planificación que afecta a las corporaciones, a los medios de comunicación, a los profesionales implicados y, en última instancia, a miles de personas que viven y sienten la Semana Santa. ¿Qué sentido tiene convertir en materia reservada aquello que, por su propia naturaleza, debe ser conocido, explicado y comprendido?

La Agrupación no puede perder de vista que su condición de órgano representativo lleva aparejada una responsabilidad que trasciende la mera coordinación administrativa. La transparencia constituye una forma de respeto hacia las hermandades y hacia la ciudadanía, pero también una herramienta imprescindible para fortalecer la credibilidad de la institución. Cuando la información se ofrece de manera ordenada, cuando se explican los acuerdos alcanzados y se distinguen con naturalidad las cuestiones ya cerradas de aquellas que todavía necesitan ajustes, se evita que el vacío informativo sea ocupado por interpretaciones interesadas. La existencia de detalles pendientes no invalida la conveniencia de comunicar lo que ya está decidido. Al contrario, reconocer con precisión qué está resuelto y qué permanece sujeto a concreción es una muestra de rigor, no una debilidad. La claridad no exige que todo esté definitivamente concluido; exige que se cuente con honestidad aquello que ya se conoce.

Y quizá esta sea también una buena ocasión para que algunos tomen nota. Existen todavía responsables que parecen confundir la custodia de la información con su ocultación, que administran los asuntos de sus hermandades como si fueran patrimonio particular y no cuestiones que afectan a una institución sostenida por sus propios hermanos. Lo verdaderamente desconcertante es que, en ocasiones, el hermetismo no se ejerce únicamente frente al pueblo —o los medios, meros agentes de transmisión—, sino incluso frente a quienes forman parte de la corporación y tienen pleno derecho a conocer la marcha de los asuntos que les conciernen. Una hermandad no es propiedad de quien circunstancialmente la gobierna, ni sus decisiones pueden quedar encerradas bajo llave por el mero deseo de controlar el relato. Gobernar también significa informar, rendir cuentas y comprender que la transparencia no resta autoridad, sino que la legitima. No estaría de más que quienes todavía parecen sentirse cómodos entre silencios y puertas cerradas reparasen en el ejemplo ofrecido este lunes por la institución que representa al conjunto de las cofradías cordobesas.

Conviene, por tanto, que este modo de proceder no sea una excepción celebrada durante un día, sino una pauta consolidada de funcionamiento. Una institución gana autoridad cuando sus decisiones pueden conocerse, examinarse y explicarse sin que ello se interprete como una amenaza a su capacidad de gestión. La información no debilita a quien la comparte: fortalece a quien demuestra que no tiene nada que ocultar. Cuanta más transparencia, mejor; cuanta mayor claridad, mejor; cuantos menos espacios para la conjetura, mejor. La Semana Santa de Córdoba merece instituciones que entiendan que la comunicación no es un trámite accesorio ni un privilegio que se dosifica según convenga, sino una parte esencial del servicio que prestan. Este lunes se hizo lo que debía hacerse y merece dejar constancia de ello: enhorabuena a la Agrupación de Cofradías por este ejercicio de transparencia y por contribuir, con decisiones como esta, a una relación más clara y fluida con los medios, las hermandades y la ciudadanía. Que cunda el ejemplo. Cuando se trabaja con luz y taquígrafos, gana la institución, ganan las hermandades y gana toda Córdoba.