El capirote | La cabalgata y la calle Asunción

Nuevamente llega la cabalgata de los Reyes Magos a recorrer media Sevilla. Una ciudad que apenas se reconoce si no es por sus tradiciones porque ya se encargan políticos y empresarios de moldearla a su gusto. Y qué mejor que hacerlo que con un pueblo al que se colmata de fiestas y celebraciones.

La quinta ciudad de España se encamina a celebrar el centenario de la Generación del 27, un capítulo de la Edad de Plata de la literatura donde el Ateneo tiene mucho que decir. Pero tampoco esta institución es lo que era. Como sobresalientes actividades, la organización de la cabalgata cada cinco de enero y algún que otro premio, como el de Novela Ateneo de Sevilla o el de Novela Joven. Así que, dentro de poco, asistiremos a la conmemoración de una efeméride en la que veremos cómo otras ciudades adelantan por la derecha a la que debería contar con un nutrido programa de actividades que quedarán reducidas a lo que ya veremos.

Pero ni la organización de la cabalgata acaba rescatando el nombre del Ateneo, porque ahora lo que está de moda es irse a la calle Asunción para ver la que se lía allí, que poco o nada tiene que ver con lo que sería el transitar de los las majestades de Oriente. Aquello es un sarao, una disco móvil en toda regla. El barrio de las segundas residencias se echa a la calle en una fría noche de invierno para convertirse en espejo de la ciudad. Ojo, que les viene bien la fecha, porque en Semana Santa lo más chic es irse a la playa y disfrutar de agradables temperaturas, por eso vemos por ejemplo a Las Cigarreras más sola que la una tanto a la ida como a la vuelta. Un gesto que hasta se agradece, porque para que se asomen algunos tomando cubatas como hicieron hace dos días, ya bastante tenemos con la entrada de Los Panaderos cada Miércoles Santo. Paseamos la sevillanía cuando nos da la gana.

Lo de la calle Asunción es más espectáculo que otra cosa. Podrían suprimir el paso de las carrozas y nadie echaría en falta que no asoman los Reyes. Este año hemos tenido incluso un rey haciendo gala del blackface, que como saben es una práctica considerada racista y ofensiva, algo que llevamos viendo desde que tenemos uso de razón. A Baltasar le han pedido una sanidad pública y de calidad, pero sus medios afines ya se han encargado de blanquear la información para que nos quedemos con el bailoteo, porque lo de criticar el silencio del Gobierno de Juanma Moreno en la venta de Ayesa, por ejemplo, no va con nosotros. Aquí la inversión en fiestas se ve que es top. Mejor las fotos con aglomeraciones donde se echan de menos las vallas. Ojalá nunca pase una desgracia porque aquello empieza a dar medio.

Para más inri tenemos la actuación de aquella cantante que Canal Sur se empeña en colocar en sus programas asomándose desde un balcón. Una que se pirra por un foco y que se autodenomina la última folclórica -hay que tenerlos cuadrados para considerarse como el cierre a toda una época de canción española donde sobresalen voces como la Piquer, la Castro o la Jurado- es ya lo que nos faltaba para completar una jornada donde la ilusión de los pequeños es lo que menos importa.

Mucho autobombo y mucho sacar pecho, pero ese paseo por una de las calles que más luces tiene -porque hasta en verano la sombra brilla por su ausencia- es para hacérselo mirar. Los veinteañeros y cuarentones adueñándose de la ilusión de los más pequeños que, claro está, pasan aquí a un segundo plano como fin de fiesta. Más verdad hay en las que se ven por Triana o por el Polígono Sur. No se dejen engañar.