El capirote | La señora de San Esteban

Los tiempos, los modos y los cambios según el consumidor. Según el consumidor que es asiduo a las nuevas tecnologías. Y sobre todo a la fotografía. Muchas instantáneas, aunque al final acabes borrando treinta de treinta y una. Como los jóvenes que después de poner el disparador automático de su teléfono inteligente —el dispositivo que no ellos— terminan por quedarse con una de las fotos, para editarla, aderezarla con unos cuantos filtros y acabar publicando aquello de “simplemente yo”.

Las tecnologías acaban por arrollarnos. Y no hace falta esperar a mañana para verlo en el vía crucis del Consejo, al que le ha venido de maravilla el asunto del cartel para que no se hable de su inacción al frente de los problemas que existen en la actualidad con los tiempos de paso y el orden en la carrera oficial porque, ¿qué decisión ha tomado con respecto a la hermandad de las Siete Palabras? ¿Que vuelva a pasar por una avenida vacía? Inacción en algunos aspectos, en otros sí ha trabajado bastante. Como en el aumento del precio de las sillas. Ahí sí ha tenido margen de actuación.

Pero regresando a las nuevas tecnologías. Esta semana asistí en primera persona a aquella novedosa idea que lleva unos meses rondando en algunas juntas de gobierno y que algunas han decidido llevar a cabo. El altar, a oscuras, solo iluminado por las velas. Si eres fotógrafo escribe a la hermandad y podrás acercarse con tu trípode móvil o telescopio media hora antes de que se abran las puertas del templo. Y es lo que hicieron esta semana en San Esteban.

La iglesia, para quien no lo sepa, es de las que menos abre al culto. Cerradísima excepto martes y fin de semana para la celebración de la misa. No la busquen en otro horario. Y restringido, por cierto. A través de las redes sociales se anuncia que, si quieres tomar fotografías del altar del Señor, tienes que apuntarte. Y una vez abiertas las puertas puedes acceder. El resto espera afuera.

Este movimiento es un deleite para los fotógrafos, pero ráscate si hace frío y espera porque no te van a dejar entrar. Y porque si eres una persona mayor y no sabes qué es una red social, te vas a plantar en la puerta a la misma hora de siempre. Porque tu hermandad no te ha avisado a través de carta de que el horario del templo es distinto. Tampoco lo ha hecho colocando un cartel en la puerta.

Y allí va esta semana, de avanzada edad, que puede andar lo justo, esperando que las puertas de su iglesia se abran a la misma hora de siempre. Y, comprobando que está cerrada, pues allí, martes tarde de esta semana, con casi una hora de retraso para estar junto a su Señor de la Salud y Buen Viaje. Otro ejemplo más que bien podría servir para que la hermandad contara con las personas mayores a la hora de hacer cambios. Tener en cuenta sobre todo con aquellas que tienen dentro de sí más devoción que muchos de los que estaban allí presentes. Otro ejemplo más para recordar la importancia de nuestros mayores. Y que no hubiera pasado nada si la señora, asidua a San Esteban, hubiera pasado esos tres cuartos de hora hasta que se abrió el templo en el interior. No creo yo que los miembros de tal junta se quejen luego de que al ir al banco poco o nada pueden hacer por ventanilla.