El capirote | Las lecciones de la magna de Huelva

Cuando ya ha pasado más de una semana de la procesión magna de Huelva uno puede deleitar ahora mejor el recuerdo de lo que se vivió en la ciudad onubense. Las imágenes se asientan, se puede hacer balance de lo que ha significado para la capital y para Andalucía, tierra que tan a gala lleva ser un lugar destacado del marianismo. Entre otros aspectos destacables:

La organización: no hubo que lamentar incidentes a pesar del numeroso público concentrado. Además de los onubenses y visitantes, no pocas fueron las localidades que fletaron autobuses para que sus vecinos pudieran acompañar a sus grandes devociones. El comportamiento de los asistentes, a pesar de las aglomeraciones en determinados puntos, demostró que la ciudad está preparada para este tipo de eventos. En cuanto al cumplimiento de los horarios, una vez que se abandonó el itinerario oficial, varias corporaciones ralentizaron el paso. La Virgen del Socoro de Rociana entró casi dos horas más tarde en la parroquia de la Purísima Concepción. La Bella, de Lepe, cerró la jornada más de tres horas después de lo acordado.

Virgen de la Victoria. Foto: Andrés González

El enjoyamiento: Durante décadas denostadas, las joyas han ido de nuevo apareciendo en el atavió de las imágenes. Pudimos comprobarlo en la Virgen de la Victoria, llegando a convertirse en una seña de identidad, o en la Virgen del Socorro, patrona de Rociana del Condado.

El conjunto: La Virgen de los Dolores de Los Judíos fue una de las que más impacto causó entre los asistentes. La imagen, sobrecogedora con la ráfaga, posee uno de los conjuntos más sobresalientes de la Semana Santa de Huelva, con bordados realizados por Juan Manuel Rodríguez Ojeda, quien los ejecutó entre 1915 y 1925, por lo que se trata de unas piezas que cumplen el siglo de vida. Los varales, de Seco Imberg, datan de 1923.

Virgen de los Dolores, de Los Judíos. Foto: Andrés González

La riqueza de la provincia: Fue sin duda uno de los grandes atractivos de la procesión magna mariana. El hecho de que pudieran reunirse parte de las patronas en un mismo punto propició que los fieles y devotos pudieran conocer cómo se vive la devoción a la Madre de Dios en otras zonas a las que no suelen asistir. El conjunto de Nuestra Señora del Mayor Dolor de Aracena, la delicadeza de los Ángeles de Alájar, por poner algunos ejemplos.

El acondicionamiento de las calles: Nunca una procesión magna contó con tal profusión de elementos que adornasen las zonas por las que pasaron las imágenes. Semanas antes se volcaron las hermandades y los vecinos conformando todo un abanico donde se mezclaron anagramas de María, luces, banderitas, guirnaldas o flores de papel.

La idiosincrasia popular: la procesión sirvió no solo para conocer parte de la Semana Santa de Huelva, con la presencia de grandes devociones como la Victoria o la Esperanza. La llegada de las patronas de los pueblos posibilitó que se pudiera palpar el espíritu con el que se vive la devoción en otros lugares. El curioso paso de la Virgen de los Milagros, de Palos de la Frontera, los billetes prendidos en el manto de La Bella son tan solo una muestra, aunque, sin duda, llamó poderosamente la atención la Virgen de la Peña, patrona de la Puebla de Guzmán. Al contrario de lo que sucedió en Sevilla el pasado mes de diciembre, donde las voces discordantes clamaban contra la presencia de la Virgen de Setefilla, a pesar de que fue de lo más auténtico que se vivió, en Huelva el público recibió la visita de la imagen y sus vecinos como una muestra de religiosidad popular que viene a enriquecer el fervor con el que la provincia siente el amor por la Virgen María. Una identidad propia, sin imposturas.

Virgen de la Peña, patrona de la Puebla de Guzmán. Foto: Andrés González